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Música y Músicos de Portugal: Noticia Cronológica ® |
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La Música en el reino de Portugal - A partir del Siglo XI La Escuela Polifónica Portuguesa o Escuela de Evora Los Felipes: La unión de los Imperios Compositores Portugueses del siglo XVIII Desarrollo de la fabricación de Claves en Portugal del siglo XVIII Auge operístico en la segunda mitad del siglo XVIII La Música en Portugal a partir de 1828 Bomtempo, sus contemporáneos y sucesores |
A partir del Siglo VI
En el siglo VI, procedente de Tours, Francia, llegó al noroeste de la Península el monje Martinho de Panónia, su ciudad natal, y fundó la escuela Monástica de Dume, cuya acción fue decisiva para el establecimiento y consolidación de la nueva religión en la región. En el 556, Martinho de Dume es elevado a la dignidad episcopal y a él se debe la reconversión de los suevos al cristianismo durante el reinado de Teodomiro (558). Tres años más tarde, en 561, el Primer Concilio de Braga daba por terminada y condenada la herejía. De esta manera, se incorporaba el territorio portugués a las tradiciones, normas y liturgias de la Iglesia cristiana romana. El Segundo Concilio de Braga en 572, fijaba las pautas definitivas que establecían el dominio religioso, social y litúrgico de la nueva iglesia. Se crearon los Sínodos episcopales de Lugo y Braga, los cuales integraban parte importante del actual territorio portugués, unificándolo religiosamente. La presencia germánica de los visigodos dejó, en el territorio portugués, muchas influencias, no sólo en la construcción, las costumbres y las leyes (Codex visigothorum, por el cual se regirán las poblaciones cristianas después de la conquista sarracena), sino también, aportó la utilización de instrumentos y prácticas musicales de tradición germana, tales como, el uso de Cuernos dorados (Krumphorn), de Luras de bronce (Loures), flautas de huesos y clarines para usos ceremoniales y rituales, así como arpas y un tipo de lira celta llamada Crott ó Crowt, y a la cual se denominó Rotta. También se hizo frecuente la tradición de los juglares o Ioculatores romanos que venían divirtiendo a romanos y germanos con sus Iocus o juegos acrobáticos y diversiones musicales, viajando de pueblo en pueblo, cantando canciones populares y contando anécdotas y poesías en el ambiente de las cantinas, plazas y fiestas callejeras, en ocasiones, ante la prohibición de la Iglesia y del Estado. El Siglo VIII
Más tarde, a partir del siglo VIII, comenzaron las invasiones de los pueblos musulmanes, bereberes, provenientes de Berbería, Africa; moros, que venían de la antigua Mauritania, Africa occidental; y árabes del Emir. Las ciudades de Beja y Ossonoba (Faro) cayeron en su poder en 713; y de inmediato, Evora, Coimbra, Satarém y otras poblaciones del territorio portugués, con excepción de la faja asturiana donde se agruparon varios jefes visigodos que comenzaron a organizar la resistencia y reconquista de los territorios peninsulares bajo el liderazgo de Don Pelayo, noble visigodo que logró sus primeras victorias sobre los moros en 718 (Cangas de Onis ó Covadonga), siendo proclamado primer rey de Asturias. La lucha por la Reconquista Cristiana se prolongó en el territorio portugués durante cinco largos siglos. Las influencias musicales de los invasores musulmanes se hicieron sentir y dejaron importantes huellas en la tradición musical española y portuguesa. Abderramán I (Abdur-Rahman), primer gobernante de la dinastía omeya (Benu Umeyyas), mandó traer a su corte a los cantores e instrumentistas: Afza, quien además, era un virtuoso ejecutante de Laúd; Alun y Zarkun, quienes impusieron la moda de su música; y el cantor Zyryab, quien modificó el Laúd agregándole una quinta cuerda, inventó un plectro de pluma de ala de águila para tocarlo e introdujo una metodología para la enseñanza del canto. Otros músicos famosos fueron, Ali ibn al-Hamara, destacado como compositor de melodías y virtuoso del Laúd, al cual le dio un diseño personal; Isaac ibn Sim’ an, judío famoso como compositor; Hind, muchacha danzarina, cantora y ejecutante del Laúd; Bishara al Zamir, flautista oriental de gran prestigio; y Abu Zacariyya, constructor de instrumentos musicales, intérprete del Laúd y fabricante de órganos (Urghan). Los gobernantes musulmanes implantaron también, el uso de Bandas Musicales integradas por instrumentistas que tocaban: Zamar, Carrizo, Munis, Zulami o Chirimía (suerte de oboe), Zocra y Nura (flautas de diferentes tesituras o registros), Buq y Nafir, instrumentos de viento-metal; Atabales (timbales), kus, naqqara, dabdab (atambores o tambores de percusión), y otros instrumentos para sus usos militares y ceremoniales. Esta gran variedad de instrumentos y muchos otros más, de larga permanencia, debido a los constantes intercambios con diversos pueblos y culturas anteriores, vinieron a integrarse con los instrumentos medievales reseñados por San Isidoro de Sevilla desde el siglo VII. Durante el siglo X, se hace frecuente el uso de la Secuencia clásica que se cantaba antes de la proclamación del Evangelio o después del Tracto (Tractus), se entonaban dos versículos de extensión diferente sobre la misma melodía y se alternaban con dos semicoros. De esta Secuencia se derivará la Estampida Instrumental dentro de la música profana. También es importante anotar que, durante el reinado del rey Bermudo ó Vermudo II El Gotoso, rey entre 984 y 999, y ya elegido por los nobles portugalenses y gallegos desde 982; este monarca ordenó que todos los sacerdotes estuvieran versados en el salterio, así como en cantos e himnos. Y más tarde, se estableció que los himnos debían ser obligatorios en los oficios de los domingos. |