EL DESARROLLO DE LA TEORÍA Y LA ESCRITURA MUSICALES
NACIMIENTO DE NUESTRO SISTEMA TONAL
La Teoría y la Escritura musicales en el Sistema Musical Occidental
El Misticismo religioso de la época unido, al agitado mundo de repetidas invasiones ó tomas, guerras, destrucciones, conquistas y reconquistas de pueblos, ciudades, y a la misma organización social medieval; tuvo como consecuencia que las personas que querían dedicarse con intensidad a la espiritualidad, la teología, la filosofía, la investigación, la ciencia, las letras y las artes -entre ellas, la Música-, en la mayoría de los casos, debían buscar como refugio para sus inquietudes, las Ordenes Religiosas y principalmente, la vida en los nuevos monasterios y abadías, los cuales adicionalmente, se convirtieron en el baluarte de la tradición cultural grecorromana y occidental.
Además, muchos de estos centros monacales, como la nombrada Abadía de Cluny, ofrecían la garantía de haber sido creados con estatus de inmunidad frente a cualquier poder religioso o laico, ya que desde su creación, fueron puestas bajo la directa protección de la autoridad papal; lo cual permitía que, en la tranquilidad de estos monasterios, abadías, claustros y comunidades cenobíticas o conventuales, el ambiente fuera el más propicio para el desarrollo de todas las actividades del intelecto y el espíritu.
La manera de representar o escribir la música occidental tal como hoy la conocemos, se desarrolló lentamente, a lo largo de varios siglos. Fueron muchos los monasterios y anónimos monjes que se dedicaron a buscar e investigar formas de lograr la mejor manera de plasmar por escrito y de manera sistémica más exacta y práctica el enorme y creciente repertorio de himnos, cánticos y salmodia utilizados en la liturgia cristiana, cada vez más difundida en los territorios europeos.
En los inicios de la Edad Media, se continuaba utilizando, la Notación neumática derivada del ancestral sistema judío Ta´amim de acentos, neumas o signos que representaban las alturas, el número de notas de cada tono que debía cantarse y la dirección de la línea melódica ascendente o descendente, pero sin precisar exactamente, el régimen de intervalos existente entre cada una de ellas, ni la relación de duración de las mismas.
Así pues, los manuscritos musicales pertenecientes a los más remotos tiempos de la Iglesia están escritos en esa Notación Neumática.
Durante el siglo VIII e inicios del IX, se produce una interesante cantidad de trabajos en el campo de la Teoría Musical, que constituirán los antecedentes inmediatos de nuestro Sistema Musical; es decir, varios Teóricos aportaron importantes ideas para el desarrollo sistémico de la Música Occidental.
A finales del siglo IX e inicios del X, veremos aparecer los primeros nombres de varios teóricos, compositores y composiciones musicales no religiosas y los manuscritos con Notación Interválica (se llama intervalo la distancia que separa un sonido de otro), es decir, los primeros documentos musicales escritos a partir de la tradición oral en los cuales aparece una LÍNEA DE ALTURA para ubicar sonidos.
A partir de entonces, la Notación pasó de los oscuros Neumas al uso de las Letras o Caracteres latinos para identificar los diferentes sonidos o alturas y se inició el proceso de escribirlos en Notación Diastemática con pautas o líneas, a partir de una primera línea. Pero con una sola línea no se podían establecer parámetros claros y precisos de referencia sonora; se inició entonces, un largo proceso de desarrollo de las investigaciones para lograr la elaboración de un sistema más perfecto y completo de escritura musical.
Haciendo un breve recuento, debemos recordar: en primer lugar, los aportes de tres clérigos ingleses: el Abad e importante historiador, el venerable monje BÈDE (c.670-761), quien estuvo vinculado a la Abadía de Saint Germaine D’ Auxerre; ALDHELM († 709), Abad de Malmesbury y Obispo de Sherborne, poeta latino y erudito de la escritura anglosajona; y el ya nombrado, EGBERTO (698-766) Arzobispo de York y maestro de Albino Alcuino.
RÁBANO MAURO o Raban Maur (776-856), alumno de Alcuino en la ya mencionada Academia Palatina de Carlomagno. En su densa obra De Universo, suerte de enciclopedia general de conocimientos, resume y aporta datos importantes sobre la teoría e instrumentos musicales.
También AURELIANO, monje y teórico que vivió en Réomé ó en Moutiers-Saint-Jean; hacia el 830 escribió un largo tratado dividido en dos partes: la primera, destinada a la formación del músico en general, y la segunda, dedicada a la instrucción específica de los chantres o cantores eclesiásticos.
La primera notación occidental se desarrolló en el seno del canto eclesiástico a partir del 870, cuando encontramos el manuscrito titulado Musica enchiriadis, el cual utiliza el sistema introducido siglos antes por Boecio en caracteres griegos, ahora modificado de nuevo a caracteres o letras latinas para la notación musical; así mismo, encontramos dos tratados anónimos: Instituta y Quid est cantatas.
En 900, un alumno del monje y teórico musical Yson († 871), NOTKAR BALBULUS (c.835-912) monje de la Abadía de Saint-Gall (Santk Gallen), Suiza; define la Sequentia y además, propone la necesidad de sistematizar la notación musical, según consta en el tratado De Harmonica Institutiones (c.889), del canónigo y teórico musical alemán REGINO, Abad de Prüm (c.840-915).
Muy pronto, a la primera línea escrita en rojo y la cual representaba un sonido equivalente al fa, le siguió otra más; escrita en amarillo esta línea horizontal y paralela representaba el do; de hecho, un contemporáneo de Regino de Prüm, el monje y músico francés, alumno de Héric d’Auxerre en el Monasterio de Saint-Germain, llamado HUCBALDO, luego monje de Saint-Amand-en-Flandre, Tournay (c.840-930), en sus escritos teóricos, y especialmente, en el tratado llamado también: Harmonica Institutiones, uno de los primeros compendios de la teoría musical occidental, utiliza estas dos líneas que marcan diferencia de Quintas, es decir una distancia de cinco tonos (fa-do).
Para mayor claridad, Hucbaldo les dio los diferentes colores. Es interesante recordar que este teórico además, definió a la Consonancia como el encuentro simultáneo y armónico de dos sonidos emitidos por diferentes fuentes.
A él también se le atribuye el uso del Organum como procedimiento musical para armonizar al canto gregoriano.
Casi simultáneamente con las primeras líneas que se trazaron para fijar alturas de sonido, se idearon las CLAVES para establecer parámetros que dotaran a las líneas de sentido.
Aparecieron así, las Claves de Fa (F) y de Do (C), respectivamente. Un poco después, la de Sol (G).
San ODÓN (c.879-942), Abad de Cluny; alumno de Remi, monje de Saint-Germaine d’Auxerre, y reformador de la orden de San Benito; es el autor del Tonaire, en el cual, por primera vez, los sonidos dejan de ser nombrados por los tradicionales nombres clásicos de origen griego: proslambameno, hypate, lichanos, etc., utilizados en la antigüedad, para llamarlos ahora con vocablos de más fácil pronunciación: buc, re, scembs, cæmar, neth, uiche, asel... lo cual, contituye una mayor aproximación y un antecedente inmediato de nuestra actual denominación.
Otros teóricos que dieron aportes importantes para la conformación y desarrollo del Sistema Musical Occidental fueron:
BERNELIN de París, a fines del siglo X. Llamado también Bernelini o Bernelinius; escribió tratados sobre el tono y sobre otros temas teóricos, tales como: …Cita et vera divisio monochordi in diatonico genere. Dimidium proslambanomenos (Sobre la división del monocordio y los tonos del órgano); Prima species diatessaron constat ex tono, semitonio et tono. Secunda ex duobus tonis et semitonio. Tertia ex semitonio et duobus tonis. Prima species diapente constat ex prima specie diatessaron adiecto tono superius (acerca del uso de los intervalos); A summa quacumque locata (también, sobre los intervalos).
NOTKER LABEO (c.950-1022), monje conocido también con el nombre de Notker Theotonicus por su especial dedicación al estudio y desarrollo del idioma alemán. Se destacó en muchas especialidades, entre ellas, la música. Realizó traducciones del latín al alemán del libro de los Salmos.
ADELBOLDE (†1027), monje de la Abadía de Saint-Gall y autor de un Tratado de los Tonos y de la Tablatura para los instrumentos de su época, en especial, el órgano y el laúd; utilizando para ello, letras, números u otros signos.
ODORANNE (985-1045), monje de la Abadía de Saint-Pierre-le-Vif, en Sens.
JEAN COTTON (c.1050), monje y clérigo; investigador y profesor de música de varios monjes.
BERNON de Baume (1008-1048), ya mencionado anteriormente; monje benedictino y primer abad de Cluny.
HERMANN CONTRACT (1013-1054), importante teórico y autor también de un Alma Redemptoris Mater.
GUILLAUME DE HIRSAUGE (1068-1091) y OTKER de Ratisbona; y finalmente,
ARIBON llamado el Escolástico (c.1078), quien además de sus investigaciones musicales, nos ofrece interesantes comentarios tempranos sobre la obra de Guido de Arezzo.
Pero los aportes más importantes cambios y renovaciones se producen a mediados del siglo XI, gracias a los trabajo del monje benedictino y teórico musical de la Abadía de Saint-Maur-des-Fossés, llamado Guido (Guy), conocido más popularmente, por haber nacido probablemente, en la ciudad italiana de Arezzo (Toscana), como Guittone o
GUIDO D´AREZZO (c.990-1050), quien ha sido llamado con propiedad El Padre de la Música Occidental. En su tratado Micrologus (c.1025), desarrolló un Sistema de cuatro líneas (Tetragrama) precursor del actual Pentagrama.
Guido fue el inventor del Sistema de Solfeo y de la Notación actual: Cambió en forma simple, la notación neumática y la de las letras latinas (Notación Alfabética) para ello utilizó el Himno para las Vísperas de la Fiesta de San Juan Bautista (24 de Junio), que había sido compuesto en el siglo VIII por el diácono, teólogo, historiador y poeta descendiente de una noble familia lombarda, llamado Paulus (Friuli, c.720-c.799) conocido también como Paulus Casinensis o Levita, y cuyo apellido era Warnfridus.
Guido D’Arezzo, adaptó las primeras sílabas de cada verso de dicho Himno para facilitar de esta manera, la Solmisación, memorización y entonación de las notas del Hexacordum:
“Ut queant láxis, Resonare fibris, Mira gestorum, Fámuli tuorum, Sólve pollúti, Labii reátum, Sáncte Ioannes”…(Oh! San Juan, Desata el reato de los labios de estos tus siervos, para que puedan cantar con voz resonante tus maravillas).
Además, Guido o Guittone, ordenó las cualidades tonales de la escala material según el modelo Tetracórdico; y luego estableció una serie de seis notas o cuerdas conocido como el Hexachordum Naturale, con distancias fijas entre ellas: dos (2) tonos enteros inferiores, un (1) semitono central y dos (2) tonos enteros superiores.
De acuerdo con este principio, el Hexacorde se construyó sobre el DO, sobre el SOL y luego también, sobre el FA, denominándose respectivamente:
1. Hexachordum Naturale, aquel que está construido sobre el DO;
2. Hexachordum Durum, el construido sobre SOL con SI natural; y
3. Hexachordum Molle, el construido sobre FA con SI bemol.
Se le atribuye pues, a Guido D´Arezzo, el uso y trazado del Tetragrama (Cuatro líneas):
1. Una amarilla, para el Do5 (Ut);
2. Otra roja para el Fa4;
3. Una negra para el La intermedio y
4. Otra negra, encima o debajo del Mi para el Re.
Otro aporte de Guido fue, el hecho de destacar la Identidad de las Octavas de las notas ordenándolas de manera ascendente, o sea de abajo hacia arriba en Graves, Acutæ y Superacuæ. Modificó además, los Neumas engrosándolos en forma de cabeza o dándoles forma de esta, para indicar exactamente el sitio del sonido correspondiente. Así mismo, inventó la Mano Guidoniana, como punto de referencia para la entonación y el canto, cuyas articulaciones permitían al cantor recordarse de las notas. Además, difundió la aplicación y uso de recursos quironímicos para la enseñanza del canto y la dirección coral.
El polémico Papa Juan XIX (Papa del 1024 al 1032), protector de Guido, le llamó para que le explicara su sistema de Solmisación y quedó tan emocionado que: …ordenó que todas las iglesias y claustros adoptaran el modelo de Guido para la enseñanza y práctica de la música…
No debe confundirse con otro Abad de Saint-Maur-les-Fossés, llamado Odon II y fallecido cerca de 1030; autor de un Dialogue y de un Tonaire, que nada tiene que ver con el de San Odón.
Posteriormente, en 1550, el compositor flamenco Hubert Waelrant (c.1518-1595), nombró con las iniciales de Sáncte Ioannes SI, al séptimo grado de la Escala y mucho más tarde, en 1640, el florentino Giovanni Battista Doni (c.1594-1647), cambió la denominación a la nota UT por el DO. (Cfr. Liber Usualis, p.1504).