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La música en la Antigua Grecia o el Preámbulo de la Música Occidental La Música en Roma: Influencia de los Romanos en el desarrollo de la música occidental. Santa Cecilia: ¿Patrona de la Música y los Músicos?. Después de Constantino. Nuevos cambios a partir del Siglo III. El Siglo VIII. Pipino “El Breve” y Carlomagno. Otros avances musicales a partir del siglo VIII. La Música en la Civilización Occidental. La Música Medieval Las Escuelas Franco-flamencas. Los Meistersingers. La Chanson francesa Nuestra América y su Música Autóctona. La Música en Venezuela durante el Siglo XVI. La Música del Barroco al Clasicismo. El Concierto como Espectáculo Público y Negocio La Música en Venezuela durante el siglo XVII Aparición de la Orquesta. Los Grandes Violines y la Música Instrumental El Barroco Pleno. La Opera Francesa. La Opera Alemana. La Ópera Inglesa. La Zarzuela Española El Barroco en la Península Ibérica La Música en la Venezuela del siglo XVIII El Clasicisismo. Introducción y Antecedentes. Gluck: La Reforma de la ópera y su importancia. La Era de los Grandes Virtuosos y La Nueva Dirección Orquestal Venezuela y su música: siglo XIX e inicios del XX El Nacionalismo en la Música - Las Mujeres Compositoras El Renouveau dramático y sinfónico francés. Brahms, el Regreso al Sinfonismo y a la Música de Cámara Nuevas Tendencias.Principales tendencias musicales contemporáneas consecuencias del modernismo El Repertorio Litúrgico Católico en los inicios del siglo XX Algunos Hitos de la música en Norteamérica De Musicología. La Musicología Histórica. La Musicología Sistemática. La Musicología Aplicada |
Sección III CAPITULO XVII Verdi, la Opera y la Música Italiana del siglo XIX e inicios del XX La obra de Giuseppe Verdi, resumen de la lírica italiana hasta su momento, es precedida por las composiciones de cuatro grandes músicos líricos de la Escuela Romántica Italiana: Gioacchino Rossini (1792-1868), nacido en Pesaro; es a su genio lírico a quien le corresponde triunfar en la Europa de la Restauración, comienzos del siglo XIX, cansada de patrioterismo y violencia política y que si bien debatía incansable en los salones y bibliotecas, buscaba en el teatro la diversión, alegría y placer. Autor de más de cuarenta (40) óperas, desde las cómicas Tancredi (1813), L´Italiana en Algeri (1813), Il turco in Italia (1814), Il Barbiere di Siviglia (1816), hasta sus óperas serias como Otello (1816), Mosè in Egitto (1818) y Guillaume Tell (1829), entre otras. Rossini es un verdadero maestro en el arte de mezclar con gracia las escenas cómicas y patéticas. Saverio Francesco Mercadante (1795-1870), nacido en Altamura; autor de más de cincuenta óperas, entre ellas Violenza e constanza, Elisa e Claudio, La Vestale, Leonora, Virginia; además de veinte misas, salmos, cantatas, piezas líricas, etc. Residenciado durante un tiempo en Portugal, compuso varias óperas para el Teatro São Carlos. Junto a Giovanni Pacini (1796-1867), aunque su música fue considerada efímera, dieron interesantes aportes a la moderna técnica de la orquestación en sus óperas que fueron muy celebradas. Murió en Nápoles, ciudad en la que había sido director del Conservatorio en 1840. Gaetano Donizetti (1797-1848), natural de Bérgamo; es autor de sesenta y dos óperas, entre ellas, Lucia di Lammermoor y Lucrezia Borgia; es él, quien le aporta a la ópera italiana un público nuevo y popular con su estilo melódico lírico, lleno de gracia y con gran energía dramática en el tratamiento de las voces. Le sigue, el siciliano: Vincenzo Bellini (1801-1835), compañero de Mercadante y Donizetti en el Conservatorio de Nápoles; es autor de la conmovedora historia de La Sonnambula (1831) y la gran historia trágica de la sacerdotisa Norma (1831); autor que otorga un puesto de privilegio al virtuosismo vocal (Bel Canto) con sus hermosas y sublimes cantinelas frente a una orquesta tratada en un segundo plano. Estos tres últimos compositores habían logrado conciliar su italianismo con la Grand Opéra francesa, sin abandonar sus tradiciones nacionales. Giuseppe Verdi. Nacido el 10 de octubre en Roncole, cerca de Busseto (Parma), el mismo año 1813 y muerto en Milán el año 1901; es único tanto en lo que respecta a la evolución musical y dramática de la ópera del siglo XIX, como por el significado de su obra en el campo de la lucha por la unidad italiana, planteada en su Nabucco (1842). Italia estaba en plena fermentación política, cada provincia quería quitarse el yugo de la dominación extranjera y unirse, el nombre de Verdi sirvió para ello. El genio de Verdi adquiere proporciones especiales, sobre todo en lo referente al Dramatismo de su música, expresado en sus veintiséis (26) óperas, entre ellas: Macbeth, Simón Boccanegra, I Vespri Siciliani (1855), La Forza del Destino, Don Carlos, Aída (1871), I Masnadieri, Luisa Miller, Giovanna d´Arco, Ernani, Rigoletto (1851), Un Ballo in Maschera (1859), La Traviata (1853), Otello (1887), Falstaff (1893); su Cuarteto en mi menor (1873), el famoso Réquiem para Alessandro Manzoni y su Stabat Mater. Sin dudas, fue el más importante de los compositores italianos de ópera. Su estilo ejerció mucha influencia en numerosos compositores líricos, incluidos los representantes del Verismo Italiano (de fines de siglo XIX y comienzos del siglo XX), corriente artística y cultural, versión del Naturalismo francés, que buscaba, aferrarse a un supuesto orden realista en la ópera pero principalmente, una más amplia gama expresiva de emociones, a través de la comunicación vocal y una nueva manera más realista de concebir el drama musical, lo cual se nota en las primeras óperas veristas de:
Alfredo Catalani (1854-1893), natural de Lucca. Pronto se convierte en uno de los precursores del verismo italiano con su ópera La Wally. Se desempeña como profesor de composición en el Conservatorio de Milán. Militan también, en esta tendencia verista: Ruggero Leoncavallo (1858-1919), napolitano, autor de varias óperas, entre ellas, Chatterton, I Medici, y la más conocida: I Pagliacci (1892). Pietro Mascagni (1863-1945), nacido en Liorna, autor de L’Amico Fritz; Guglielmo Ratcliff; Cavalleria Rusticana (1890) y otras óperas, además de una Sinfonía en Do menor; Poemas sinfónicos y una Rapsodia Satánica. Francesco Cilea (1866-1950), natural de la Calabria; Profesor del Reale Istituto Musicale de Florencia entre 1896 y 1904. Compositor de varias óperas: Gilda, Adriana Lecouvreur (según Scribe); L’ arlesiana (según Daudet); concierto y sonata para piano y numerosas piezas para este instrumento. Umberto Giordano (1867-1948), nació en Foggia; compuso varias óperas, entre ellas: Mala Vita; Regina Diaz; Fedora (según Sardou); y Andrea Chénier. Franco Alfano (1876-1954), natural de Posilipo; Escribió varias óperas veristas, como Miranda, Il Principe Zilah, Risurrezione (basado en la obra de Tolstoy). Es autor de un Himno a Bolívar, dos sinfonías, cuarteto de cuerdas, sonata para violonchelo y piano, ciclos de canciones, entre ellas 3 con versos de Tagore. Ricardo Zandonai (1883-1944), nacido en Sacco, Trentino. Escribió varias óperas, entre ellas: Il Grillo sul focolare (El Grillo en el Hoga; según Dickens). Además compuso un Concerto Andaluso para violonchelo y orquesta; cuartetos y canciones. Giacomo Puccini (1858-1924), oriundo de Lucca; siguió la tradición de Verdi y después de la muerte de éste, comienza su obra lírico musical militando cerca del Verismo Italiano para luego, en nuestra opinión y a pesar de algunos criterios distintos, alejarse de tal tendencia y buscar un Equilibrio Innovador entre el canto y la gran orquesta, lo cual vendrá a constituir el verdadero aporte de Puccini al desarrollo de la ópera. A lo largo de su vida fue descartando los números cerrados (arias o piezas destacadas de su contexto) dentro de sus óperas; sin embargo sus partituras contienen algunos fragmentos en que algún personaje se permite expansiones líricas de ese tipo. Destacan sus obras: La Bohème (1896), Tosca (1900), Madame Butterfly (1904) y Turandot (terminada por Franco Alfano,en 1926) y de manera especial, su ópera bufa moderna en un acto Gianni Schicchi, alimentada por la tradición operística italiana. Otros cambios y nuevos caminos en la música italiana
Italia encontrará una reacción contra el Verismo y una renovación de la música instrumental en la obra de los compositores: Ottorino Respighi (1879-1936) nació en Bolonia; es autor de varias óperas: Re Enzo, Semirama, Belfagor, Marie Victoire, La Campana Someras, La Fiamma, Lucrecia (terminada por su esposa), y otras; varios ballet, obras para piano y orquesta, un Concerto en Estilo Antiguo y un Concerto Gregoriano para violín y orquesta, obras para violín, música de cámara y varias Suites Orquestales: Fontane di Roma, Pini di Roma, Vetrate di Chiesa, Trittico Botticelliano, Gli uccelli, Feste Romane. Sinfonía Dramática; Adagio con variaciones para violonchelo y orquesta; Impresiones Brasileras; Lauda per la Natività del Signore, con coro y solistas cantantes; y otras obras. Ildebrando Pizzetti (1848-1908), natural de Parma; compositor de óperas y obras de cámara y obras orquestales, corales, etc; incluyendo un Concerto para Violonchelo y orquesta, tríos y sonatas para violín y piano, cuartetos de cuerda y otras obras. Su música coral a cappella es de gran interés. Por las características de sus composiciones no lo podemos considerar un representante de la música moderna. Gian Francesco Malipiero (1882-1973), veneciano de nacimiento; es un compositor de genio violento, agresivo y atormentado; cuyas obras demuestran predilección por la líneas melódicas sin adornos, y poca tendencia por el desarrollo de los temas; es muy conocido su Cuarteto de Cuerdas llamado Rispetti e Strambotti, obra ganadora del Premio Coolidge en 1920; es autor de una conocida trilogía, L’Orfeide (1917-19), inspirada en la obra de Claudio Monteverdi; también es creador de varias óperas, oratorios, siete sinfonías y de una extensa lista de obras entre las cuales destacan: Sinfonía del Mare, Sinfonía del Silenzo e della Morte, Concierto para Violonchelo, Sinfonía per Antigenida, Ditirambo Trágico y las tres series de obras llamadas Impresiones dal Vero. Y el precursor del dodecafonismo italiano Alfredo Casella (1883-1947) nacido en Turín, formado en el Conservatorio de París y quien en 1924 junto con Malipiero, fundó una asociación para fomentar la creación musical moderna en Italia. Es autor de Paganiniana Op.65; Italia Op.11; dos óperas, dos sinfonías, conciertos y música orquestal y de cámara; además de importantes obras teóricas y de referencia. Estos renovadores han tenido entre sus sucesores a compositores como: Luigi Russolo (1885-1947), natural de Portogruaro; destacado como compositor y pintor. Se le conoce como el teórico y pionero de la música bruitista (bruiteurs) o futurística. Expone sus teorías en la obra L’Arte dei rumori (L’Art des bruits), publicada en 1913. Entre 1923 y 1927 presentó y perfeccionó su Rumorharmonium ó Russolophone, un instrumento a teclas diseñado para producir sonidos y ruidos de animales, maquinarias y otros elementos sonoros de la vida moderna de su época. El florentino Mario Castelnuovo-Tedesco (1895-1968), quien se mantiene dentro del eclecticismo expresado en sus obras, la ópera cómica La Mandrágora con texto de N. Machiavello y con la cual obtiene un premio en 1925; el Oratorio Mimado Bacco in Toscana y su Concierto para Guitarra en re mayor Op.99; varias sinfonías; Los Profetas para violín y orquesta; concierto para violonchelo y orquesta; además de su producción pianística; de cámara y otras obras.
Vittorio Rieti (1898-1994), natural de Alejandría; alumno de Respighi en Roma; poco conocemos de sus primeras obras, ya que él mismo, destruyó todas las obras que había compuesto antes de 1920. Es autor de la ópera Teresa nel bosco; varios ballets, entre ellos: Arca de Noé, El Sonámbulo, El Triunfo de David; una Sinfonía; concierto para instrumentos de viento y orquesta; concierto para violín; Madrigal para 12 instrumentos; sonatas, y otras obras.
El Drama Musical en Wagner: grandes cambios
Después de la Generación de 1810
Richard Wagner, ocupa por derecho propio un sitial preponderante en la historia de la música dramática y de la evolución de la orquesta. Con su obra, Alemania logra por una parte, consolidar su gran aspiración, sostenida durante muchos años, de poseer una Ópera Nacional Alemana; y además, hacer una realidad total la corriente del romanticismo musical en su territorio: La Revolución de la Ópera. Con su ópera Parsifal, Wagner supera su propio dramatismo musical y llega al Simbolismo solemne del Drama Sacro. Richard Wagner (1813-1883), alemán nacido en Leipzig; transforma la ópera en el Drama Musical compuesto en forma consecuentemente desarrollado; la sucesión de escenas y el texto constituyen el fundamento de una música continua con la Melodía Infinita (Unendliche Melodie), el canto hablado, la técnica del Leitmotiv, una orquesta colorida, gigantesca y una armonía expresiva y altamente romántica. Wagner, desde sus primeras óperas puso música a sus propios textos, en su convicción de que su ópera estaba destinada a transformar el mundo y no sólo a divertirlo. Maneja a la perfección el Leitmotiv (motivo conductor) introducido por sus predecesores Grétry, Weber y Berlioz. Conjuga con perfección la palabra, la música y la acción dramática. Con Wagner, la Ópera alcanza la Obra de Arte Total (Gesamtkunstwerk) a la cual seguirán en el siglo XX, las obras de Alban Berg (1885-1935) e Igor Stravinsky (1882-1971) con sus renovados trabajos con formas antiguas y también, las obras de Bernd Zimmermann (1918-1970) y Mauricio Kagel (1931) con sus búsquedas de nuevas posibilidades del teatro musical. En Wagner se unen el sinfonismo de Beethoven, la expresión teatral y una metafísica irracional de la redención (lecturas de Schopenhauer en 1854) en un Mito del Arte, cuya fuerza se eleva por encima del Drama Musical y se convierte en culto social y político. Wagner ideó la colocación de la orquesta en un Foso para hacerla invisible, en su teatro de Bayreuth.
Las óperas de Richard Wagner comprenden: Die Feen (Las Hadas), Das Liebesverbot (Prohibición de Amor, 1836), Die Fliegende Holländer (1843), Tannhäuser und der Sängerkieg auf dem Wartburg (1845), Lohengrin (1850), Tristán und Isolde (1865), Die Meistersingers von Nümberg (1868), comedia seria y divertida a la vez; la tetralogía Der Ring des Nibelungen (Das Rheingold; Die Walküre; Siegfried; Götterdämmerung) y la que él mismo consideró la última y más sagrada de sus obras, Parsifal (1882). Wagner resume la riqueza orquestal de timbres y colores de Berlioz y Meyerbeer, el lirismo melódico de Schubert, Mendelssohn y Schumann, la fuerza del estilo operístico italiano de Rossini, Bellini y Donizetti y de la ópera francesa de Bizet y Auber; juntamente con la expresión germana de Carl M. Von Weber y su ayudante Heinrich Marschner (1795-1861). Las reformas e innovaciones de Wagner, así como sus novedades formales y armónicas, alcanzan aspectos filosóficos y poéticos y producen cambios profundos en la estructura formal, melódica, armónica y hasta contrapuntística de la música; la introducción y consagración definitiva del procedimiento del Leitmotiv o Motivo Conductor; ampliación de los timbres e instrumentos musicales de la orquesta; y revolucionarios cambios en la plástica, la coreografía y la escenografía, las cuales responderán a nuevos patrones de estética teatral. Como curiosidad vale la pena recordar que durante el reinado de Pedro II El Magnánimo (1831-1889), segundo Emperador de Brasil, como parte del resurgimiento musical, ese país realiza gestiones en Zurich (1843) para que Richard Wagner se traslade y establezca en Brasil, lo cual nunca se pudo concretar.
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