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La música en la Antigua Grecia o el Preámbulo de la Música Occidental La Música en Roma: Influencia de los Romanos en el desarrollo de la música occidental. Santa Cecilia: ¿Patrona de la Música y los Músicos?. Después de Constantino. Nuevos cambios a partir del Siglo III. El Siglo VIII. Pipino “El Breve” y Carlomagno. Otros avances musicales a partir del siglo VIII. La Música en la Civilización Occidental. La Música Medieval Las Escuelas Franco-flamencas. Los Meistersingers. La Chanson francesa Nuestra América y su Música Autóctona. La Música en Venezuela durante el Siglo XVI. La Música del Barroco al Clasicismo. El Concierto como Espectáculo Público y Negocio La Música en Venezuela durante el siglo XVII Aparición de la Orquesta. Los Grandes Violines y la Música Instrumental El Barroco Pleno. La Opera Francesa. La Opera Alemana. La Ópera Inglesa. La Zarzuela Española El Barroco en la Península Ibérica La Música en la Venezuela del siglo XVIII El Clasicisismo. Introducción y Antecedentes. Gluck: La Reforma de la ópera y su importancia. La Era de los Grandes Virtuosos y La Nueva Dirección Orquestal Venezuela y su música: siglo XIX e inicios del XX El Nacionalismo en la Música - Las Mujeres Compositoras El Renouveau dramático y sinfónico francés. Brahms, el Regreso al Sinfonismo y a la Música de Cámara Nuevas Tendencias.Principales tendencias musicales contemporáneas consecuencias del modernismo El Repertorio Litúrgico Católico en los inicios del siglo XX Algunos Hitos de la música en Norteamérica De Musicología. La Musicología Histórica. La Musicología Sistemática. La Musicología Aplicada |
La Gran Transición: Hacia el Romanticismo
Los años precedentes a la Revolución Francesa se caracterizan por gran agitación y turbulencia política en toda Europa; se difunden las ideas de Rousseau y de Goethe junto al idealismo y al liberalismo, frente al Academicismo literario y al Intelectualismo filosófico del Iluminismo, crecen y se desarrollan, tanto el Romanticismo teórico y especulativo, como el Romanticismo práctico, sentimental y moral; comienza así una época en la cual se recuperará la fe y la confianza en el ser humano y en los ideales de fraternidad entre los hombres. Por otra parte, los procesos industriales adquieren nuevas perspectivas ante la automatización y la producción en masa. Se colectivizaron hombres y materiales, y se vieron inmediatamente, afectadas muchas de las pequeñas industrias. En 1776, el economista y filósofo escocés Adam Smith publica Inquiry into the Nature and Causes of the Wealth of Nations (La Riqueza de las naciones), obra que liberaliza el pensamiento económico. El Capitalismo impone nuevos esquemas en su afán de controlar las actividades mediante el monopolio comercial. Surgen nuevas ciudades al lado de nuevas industrias y la religión y la filosofía también propulsan la organización eficiente. En materia de religión, se engloba al Protestantismo versus el Catolicismo. Consolidación de la Estética
Culmina el siglo XVIII con Emmanuel Kant (1724-1804), quien establece (Cfr. Kritik der reinen Vernunft, 1ª Edic. 1781 y 2ª Edic. 1787) las bases del idealismo, secularizando las soluciones metafísicas del racionalismo y convirtiendo sus objetos en ideas o principios. Los filósofos alemanes del siglo XVIII habían elaborado nuevas teorías acerca de la Belleza y de lo Bello, esto culmina con la consolidación de la Estética como disciplina derivada de la filosofía. La búsqueda de la belleza y sus definiciones, implicaba la reflexión filosófica; como afirmamos en capítulos anteriores, ya el filósofo y esteta alemán Alexander Baumgarten (1714-1762), había considerado la experiencia estética como cognitio sensitiva, ó sea, conocimiento sensible y como disciplina independiente. Kant*, añade un nuevo elemento estético a los conceptos tradicionales de belleza (lo Bello) y fealdad (lo Feo): el gusto, e introduce la categoría de sublime. Kant distingue dos planos o mundos en los cuales se desenvuelve el ser humano: el hombre, por una parte, es un sujeto psico físico, sometido a las layes naturales, físicas y psíquicas (yo empírico); pero a este hombre, Kant contrapone un yo puro; que no está determinado naturalmente, sino solo por las leyes de la libertad, es decir, el hombre, como persona racional, pertenece al mundo de la libertad. En sus obras: Crítica del juicio y Consideraciones acerca del sentimiento de lo bello y lo sublime, el filósofo parte de la clasificación de los juicios según cuatro puntos de vista: cantidad, cualidad, relación y modalidad. Kant distingue dos tipos de sublime: el dinámico y el matemático. La belleza y su representación se vinculan a la cualidad (afirmativa, negativa, infinita), en tanto que la sublimidad se relaciona con la cantidad (universal, particular, singular). Así pues, el sublime dinámico es la expresión de un sentimiento humano al frente de una gran fuerza natural ante la cual no se puede hacer nada; en cambio, el sublime matemático es el sentimiento de incomprensión humana ante las grandezas de la naturaleza. Kant, agregó además el concepto de sublime como experiencia estética, y le añadió un nuevo elemento: el genio. Según el filósofo alemán, el genio lleva impresa la expresión de la teleología oculta de la naturaleza. Sublime, genio y naturaleza convergen pues, en un Subjetivismo, propio del artista romántico, y que afectará las nuevas tendencias musicales expresionistas que surgirán más tarde y a partir del romanticismo. La filosofía se convierte en antropología. El fin último de la filosofía será pues, que el hombre se conozca a sí mismo. El objeto supremo de la metafísica será la persona humana.*
En el terreno político, al caer la Bastilla, símbolo del Antiguo Régimen monárquico absolutista, una nueva fuerza toma el poder, se trata de la Burguesía ilustrada, que representan la ideología enciclopédica y el avance de las ciencias naturales (D’ Alembert, Diderot,Voltaire, Montesquieu, Beaumarchais, Rousseau), y llegan incluso, a condicionar la vida cultural, musical y teatral de las ciudades europeas; se implantan, primero en teoría y más tarde en la práctica, los principios de Igualdad, Libertad y Fraternidad, fundamentales para el desarrollo del nuevo pensamiento político democrático; esbozados por Jean-Jacques Rousseau (1712-78) en Le Contrat Social desde 1762. Y mientras Rousseau preconiza el retorno a la naturaleza (más literario que real) aparece en Alemania el primer manifiesto del incipiente romanticismo, el Sturm und Drang (1776), al cual nos referiremos adelante. En el plano religioso, la convicción acerca de la Libertad de Ideas propone un trato de igualdad a todos los credos y postulados. Entre los años 1789, con la Toma de La Bastilla y la derrota y caída de Napoleón en 1815, Europa se ve sometida a guerras, confusión, privaciones, cambios filosóficos y literarios. De seguidas, durante los inicios del siglo XIX y en materia filosófica, se exponen las Teorías universales (Weltgeist ó espíritu del mundo) de G.W.F. Hegel (1770-1831) en la obra Phänomonologie des Geistes (1807) y la teoría del Kosmos de Alexander von Humboldt (1769-1859). En las letras, destacan los novelistas franceses Madame de Staël (1766-1817), con la publicación de su Alemania (1813) que contribuye a difundir las corrientes románticas; François René de Chateubriand (1768-1848), Stendhal (Henry Beyle, 1783-1842), Honoré de Balzac (1799-1850), Alphonse Lamartine (1790-1869), Alfred de Vigny (1797-1863), Alfred de Musset (1810-1857), Théophile Gautier (1811-1872), Victor Hugo (1802-1885), Prósper Mérimée (1803-1870) y Charles Saint-Beauve (1804-1869), entre otros. Autores ingleses como, Algemon Charles Swinburne (1837-1909); las atormentadas e impetuosas obras de Lord George Gordon Byron (1788-1824); la poesía lírica y romántica de Percy Bysshe Shelley (1792-1822) y John Keats (1795-1821), y las novelas de Walter Scott (1771-1832) que evocaban y adornaban la Edad Media. Italia deja sentir su influencia con las obras poéticas de Alessandro Manzoni (1785-1873), paladín del romanticismo italiano y autor de la novela Los Novios (1827); y también, con las obras de Carlo Porta (1776-1821), Gioacchino Belli (1791-1863), Giuseppe Giusti (1809-1850), Ippolito Nievo (1831-1861), Tommaso Grossi (1790-1853), Silvio Pellico (1789-1854), Giovanni Prati (1814-1884), Aleardo Aleardi (1812-1878), y Giacomo Leopardi (1798-1837). En Alemania surge la obra literaria de Johann Wolfgang Goethe (1749-1832), quien publica sus Cuitas de Werther (1774), obra que populariza el suicidio por causa de amores contrariados, y su creación filosófico-poética: Fausto. Sus obras ejercen una poderosa influencia sobre los músicos románticos.
Friedrich Maximilian von Klinger (1752-1831), Jakob Michael Lenz (1751-1792) y Friedrich von Schiller (1759-1805), quien escribe su obra Los Bandidos (1782) y su An die Freude o Himno a la alegría (1785); autores estos, que representan el primer romanticismo alemán, y reafirman los derechos del sentimiento sobre los de la razón y el de la novedad original contra las tradiciones convencionales, dando lugar a la llamada escuela del Sturm und Drang (nombre de un Drama de Klinger titulado: Tormenta e Ímpetu,1776), el cual consagraba la libertad sin límites al espíritu creador y cuyo patetismo fue, en realidad, la demostración del estado transitorio de un pueblo y no una fuerza permanente. Pero los efectos de los proto-románticos Stürmer und Dränger con sus negaciones y furores, crearon una crisis romántica en todos los Clásicos. Los hombres se vieron de pronto insertados en una sociedad que, por obra de las circunstancias, llevó a la nación alemana de la esclavitud económica a un libre ordenamiento moderno; de una autocracia principesca a la participación de la clase media en el gobierno; del dominio de la nobleza y las cortes a la afirmación de los derechos del ciudadano.
Se preparaba así, a la sombra de las formas supervivientes del clasicismo, la expansión ya cercana de un romanticismo naciente o anticipado ya, tal vez, desde la Empfindsamkeit de finales del Barroco. Absolutismos renuentes y Liberalismos surgentes, se contraponen y debaten en varios países europeos, desde entonces y durante la primera mitad del siglo XIX. El liberalismo avanza, pone a la democracia a su dependencia y atrae a los mejores elementos de la misma aristocracia y el catolicismo. Las Revoluciones Liberales y Socialistas formaron un frente muy similar que culminará, más adelante, en el Nacionalismo empeñado en sacudir las dominaciones extranjeras. Se difunden además, en estos años, las obras literarias de Joseph Eichendorff (1788-1857), Ernst Theodor Hoffman (1870-1822), Adalbert Stifter (1805-1868), Eduard Mörike (1804-1875) y Heinrich von Kleist (1777-1811). Desde América, al mundo lo recorre una oleada de libertad. Con la formación del Estado Alemán y en ese ambiente, los espíritus jóvenes alemanes hacen patente su inquietud, lo cual convierte a ese país, en la cuna de las anticipaciones violentas o reflexivas que dieron decisivo impulso a la renovación cultural y literaria del siglo XIX, convirtiéndola en la cuna de los fermentos románticos. De esta manera, se presenta, en el período comprendido entre 1790 y 1870, la nueva tendencia ideológica llamada genéricamente, Romanticismo; surge como una antítesis del Iluminismo y pretende aportar un nuevo enfoque de la vida. Contra el racionalismo de los años precedentes, se afirma ahora, el concepto de la creatividad del espíritu. Al ateismo de los ideólogos anteriores, se contrapone la reafirmación de los valores religiosos; contra el anti historicismo del Iluminismo, que desdeñaba la historia pasada culpándola de todas las supersticiones y errores, se plantea una revisión y valoración de las tradiciones. Podríamos resumir la nueva actitud diciendo que, se afirma la importancia de la fantasía con relación al intelecto. Cobran importancia entonces, el poema (sea filosófico, épico ó idílico), el romance histórico y psicológico, el diario, la balada y la novela. El verdadero romántico no podía ni quería ser naturalista, es más, lo rechazaba. En el Romanticismo privaba el entusiasmo por la unión de todas las artes. La música aparece ahora, como un discurso subjetivo con gran carga expresiva y vinculado estrechamente, a la literatura. Así, el Romanticismo Musical se nutre de estas ideas místicas e idealistas e incorpora a la Música las nociones de expresividad entendida como factor consubstancial de la confidencia, espontaneidad, pasión, e individualidad que los compositores nos hacen sentir a través de su creación, para integrarnos a su problemática ideológica o sentimental, dándoles un lugar en la nueva Estética de la Música. No debemos incurrir en el error tradicional de tratar de establecer una fecha exacta de nacimiento para el Romanticismo Musical. Sus raíces las encontramos en el campo de la filosofía y la teoría socio-política inspirada por los principios liberales que desembocan en 1789 en la Revolución Francesa, cuando de ser mero espectador durante el siglo XVIII, el pueblo pasó a ser actor y protagonista en el siglo XIX. El Romanticismo recupera la fe en el hombre y en la fraternidad humana. La tolerancia religiosa derivará en un latente teísmo que acercará la divinidad a un plano humano.* El romanticismo no conocerá el equilibrio y la mesura de lo clásico. El objeto de sus esfuerzos es el Hombre como centro de la sensación, como punto focal de todo sentimiento. El arte pierde su aspecto utilitario del Barroco; ahora será expresión de sentimientos y vehículo de comunicación del artista, entendido como un yo individual y libre. Lo que separa al Romanticismo del temprano Sturm und Drang (revolución que remató en el más puro clasicismo; en el orden y la armonía) es la naturaleza positiva y constructiva de aquel, en contraste con el afán destructivo y aniquilador de su predecesor. Es importante señalar que, desde finales del siglo XVIII y de manera especial, durante la primera mitad del siglo XIX como consecuencia de la Revolución Industrial, tiene lugar un intenso movimiento de creación, producción y difusión de numerosos instrumentos musicales, así como también, la modificación y renovación de muchos otros que ya existían. Es decir, los instrumentos musicales sufren transformaciones que les benefician y optimizan*. El desarrollo y perfeccionamiento de los mecanismos de llaves, pistones, así como la introducción de nuevos y mejores materiales para la producción en serie, unidos al incremento lógico y creciente de las ediciones, trascripciones y publicaciones de partituras de muchos compositores, contribuyen a la popularización de multitud de obras, incluidas las óperas, cuyas versiones instrumentales para las Harmoniemusik y Bandas Militares, hacen que nuevos y numerosos públicos conozcan y se acerquen al hecho musical que les había sido inaccesible hasta el momento. Un ejemplo de ello es la ópera de Carl M. von Weber, Der Freischütz, estrenada el 18 de junio de 1821 en el Royal Playhouse de Berlín bajo la dirección del mismo compositor; al año siguiente eran trascritos en Leipzig para Harmoniemusik ó Bandas* y publicados por el editor Hoffmeister, 12 de los 17 números de la ópera en reducción para flauta, 2 clarinetes, 2 oboes, 2 cornos, 2 fagotes, contrabajo y percusión. Y en 1823, se publica otra versión para Banda Militar realizada por Friedrich Weller, esta vez editada en Berlín y por la casa musical Schlesinger. Estos hechos, contribuyen en mucho, a la popularidad que tal ópera alcanza. Y de esta manera, a muchos compositores le serán encargadas nuevas composiciones y también, trascripciones de obras para estas novedosas agrupaciones de instrumentos de viento y percusión. LOS PRIMEROS MÚSICOS ROMÁNTICOS La Música a partir del Romanticismo. Principales Compositores y Corrientes. Beethoven consolida la nueva visión de la obra musical en la cual la emotividad, las pasiones, sentimientos y vivencias del compositor jugarán un papel fundamental y definitivo en la creación musical. Surge así, el germen de la llamada corriente Romántica o Romanticismo Musical que, entre otras cosas, le abre el camino a novedosas formas musicales. En el Romanticismo se dará más predominio a la sensibilidad que en el clasicismo, por eso facilita el vuelo del genio, la expresión y la exteriorización de los sentimientos y pasiones. Los primeros músicos Románticos no eran irracionales en los fines, sino en los medios. Pondrán énfasis en el contenido o fondo de la obra y no cambiarán en un principio, la estructura formal tradicional, la cual en muchos casos conservan. Beethoven además de compositor, era un gran pianista y en tal sentido, le aporta al piano una literatura novedosa y revolucionaria; en sus conciertos y presentaciones, él mismo se encargó de difundir muchas de sus obras. LUDWIG van BEETHOVEN (1770-1827): Nació en Bonn, Alemania, el 16 de Diciembre de 1770. Su padre, Johann Beethoven, integrante del coro de la corte del Elector de Colonia como tenor, además de profesor de canto, pianista, violinista y luego, desde 1761, Kapellmeister del Elector Maximiliano Federico en Bonn pero al mismo tiempo, jactancioso, excéntrico, inestable y alcohólico. Su madre María Magdalena Keverich, hija de un cocinero que trabajaba en el palacio de verano que Maximiliano Federico poseía en Ehrenbreitstein; viuda y vuelta a casar, había contraído matrimonio con Johann en 1767 y murió enferma en 1787. Beethoven, tercer hijo de esta unión, desde niño manifestó talento y genio para la música y en su misma ciudad natal debutó como pianista a la edad de 7 años; al año siguiente, recibía lecciones de piano, violín y viola. A los 11 años fue designado suplente del organista de la corte Christian Gottlob Neefe, su tutor musical. Intentó seguir estudios con Haydn, quien luego de darle algunas lecciones y revisar varias obras, le admiró su talento y recomendó, como lo expresa el 23 de noviembre de 1793, cuando le escribe al Elector de Colonia, Maximilian Franz: ...Conocedores y no conocedores deberán admitir imparcialmente, frente a estas piezas, que Beethoven se convertirá, con el tiempo, en uno de los mayores músicos de Europa, y yo me sentiré orgulloso de poder llamarme su maestro... En Beethoven confluyen dos generaciones y dos épocas. Aunque es ya tradicional, la división de su carrera musical en tres períodos, clasificados desde 1852 por el musicólogo Wilhelm von Lenz (1809-1883) así, primer período clásico hasta 1800; segundo período de madurez y transición, entre 1802 y 1814; tercer período, sus últimos años desde 1815, con sordera total hasta la muerte, en 1827. Sin embargo, los elementos Románticos en el Beethoven joven no contradicen la pureza de su Clasicismo, porque como afirmamos antes, los efectos del Sturm und Drang habían creado una Crisis Romántica en todos los clásicos. Desde 1796 siente los primeros síntomas de su sordera, la cual mantendrá en secreto mucho tiempo, todo ello, sumado a su terrible carácter retraído y poco sociable lo aparta más de sus amigos y del mundo. En 1802 intenta suicidarse, más se retracta después de haber escrito su famoso Testamento de Heiligenstadt, pequeño pueblo cercano a Viena en octubre de 1802; éste constituye un importante documento autobiográfico. A partir de ese año, el oído empeora y también su salud. En 1808 tuvo que abandonar su carrera de pianista. Gracias a un grupo de amigos recibe un subsidio para que se dedique a componer. Este aporte se ve interrumpido cuando se produce la invasión napoleónica a Viena. Ya para 1819 se puede afirmar que su sordera es casi total. Beethoven refleja, sin reservas, las angustias de su vida interior en sus Konversationshefte (Cuadernos de Conversación) de 11.000 páginas. En 1825 enferma gravemente y allí comienza el deterioro de su salud hasta la muerte acaecida dos años después, en Viena el 26 de Marzo de 1827.
Trascendencia de su Obra
Beethoven, modifica y extiende la duración del primer tiempo o movimiento de la sonata bitemática, convirtiéndola en una Forma Perfecta: · Usa de nuevo la introducción lenta, establece la exposición de ideas en varias frases distintas, que se complementan; · Organiza la transición o puente melódico que interrelaciona los temas; · Expone el segundo tema en tonalidad diferente según el principio del parentesco por notas comunes; · Suprime la repetición textual de la primera parte (desde su Op.57en fa menor, conocida como: Appasionata); · Organiza el desarrollo central, alternando períodos modulantes con los de reposo tonal y con progresiones hacia tonos claros y oscuros; · Añade un desarrollo final, después de la reexposición dándole un carácter propio y exclusivo; y · Termina algunas veces con una frase melódica a manera de resumen y comentario de los temas anteriores. Con Beethoven aparece el concepto de Época en la música. Él intenta acercar el texto y la música dentro de la ópera, crea una música que pueda estar muy cerca del discurso; sin embargo, la ópera no le cautivará, tras sus intentos con Leonore (1805) y su posterior revisión, con el nombre de Fidelio (1814); y la música incidental para la tragedia de Goethe, Egmont (1810), rechaza todos los temas que se le proponen y se concreta en expresarse a través de su música. Beethoven marca la transición musical de la época clásica a la época romántica e influye en la obra de los compositores de su tiempo; siguen sus pasos Mendelssohn, Schumann, Listz, Berlioz, Brahms y Wagner. El propio compositor afirmó en alguna ocasión: ...La música ha de sacar chispas en el espíritu del hombre. Beethoven compuso además, un Oratorio: Cristo en el monte de los Olivos y proyectó otro que nunca realizó. Ha sido reconocido tanto por sus principios clásicos como por su libertad de expresión, por eso le decimos EL ULTIMO DE LOS CLÁSICOS Y EL PRIMERO DE LOS ROMÁNTICOS. Además, él es el primer compositor que cataloga sus obras con el prefijo: Opus (Op.). Su producción incluye: nueve Sinfonías, 32 Sonatas, 5 Conciertos para Piano y Orquesta, 1 Concierto para Violín y orquesta, Op. 61 en re mayor, el cual data de 1806 y fue estrenado el 23 de diciembre de ese año por el violinista vienés Franz Clement (1780-1842); Oberturas, Cuartetos, 10 Sonatas para violín y piano, Misas, siete Cantatas Profanas, la Opera Fidelio y otras obras. Señala Paúl Henry Láng: Beethoven fue el músico que se abrió camino hasta los confines del clasicismo, y pasó así del imperio de lo bello al de lo sublime... La Sinfonía, desarrollada por Beethoven y sus seguidores del Romanticismo, en adelante va a alcanzar un desarrollo impresionante. La Sonata ensancha sus límites formales para darnos páginas de insólitas dimensiones donde el compositor vierte su problemática emocional y comunicativa. A partir de su 2ª Sinfonía Op.36 en re mayor (1802), Beethoven sustituye el tradicional Minuet, sinónimo de baile cortesano, del tercer movimiento de las Sinfonías clásicas, por su famoso Scherzo (Broma, chanza). Curiosamente, en su 8ª. Sinfonía en Fa mayor Op.93, retoma el Tempo di Menuetto Su 3ª Sinfonía en mi bemol mayor, Op.55, llamada Heroica, es la primera obra sinfónica que presenta problemas interpretativos para el director. En la 4ª Sinfonía Op.60 en si bemol mayor, Beethoven regresa a la orquesta de las dos primeras sinfonías pero esta vez, con una sola flauta. La famosa 5ª Sinfonía Op.67 en do menor, es el resultado de un intenso trabajo en el año 1807 y se estrenó en Viena el 22 de diciembre de 1808. Además, en su 6ª Sinfonía en fa mayor Op.68, agrega un quinto movimiento Allegretto final; La 7ª Sinfonía en la mayor Op.92, requiere gran vitalidad, temperamento y sentido rítmico; La 8ª Sinfonía en fa mayor Op.93 (octubre de 1812), al igual que la Sexta, la Octava es una obra llena de humor y detalles musicales; en ella Beethoven se nos presenta pletórico de alegría, se trata de una obra muy equilibrada, serena y feliz con un tema melódico clásico de dos períodos complementarios y ocho compases, en su primer movimiento. En el segundo movimiento Beethoven ironiza amablemente el tac,tac del invento del holandés Dietrich Nikolaus Winkel (1780-1826), perfeccionado y patentado por el amigo de Beethoven, Johann Nepomuk Mälzel (1772-1838), el Metrónomo; por cierto, es oportuno recordar algunos datos curiosos: Mälzel construyó varias trompetas para el oído sordo de Beethoven; y además, Mälzel, murió en La Guaira, Venezuela. Otra curiosidad es, que en el tercer movimiento, Beethoven retoma nostálgicamente, el ya abandonado Minuet. En la 9ª Sinfonía en re menor Op.125 Coral (febrero de 1824), la cual se estrenó en Viena el 7 de mayo del mismo año, innova la aparición de solistas: O Freunde, nicht diese Töne… y agrega también un gran coro: Freude, schöner Götterfunken Tochter auf Elysium, wir betreten feuertrunken, Himmlische, dein Heiligtum. Deine Zauber binden wieder was die Mode streng geteilt; alle Menschen werden Brüder wo dein sanfter Flügel weilt. (Alegría, Bella chispa divina, hija del Elíseo, ebrios de tu fuego entramos, ¡oh celestial!, en tu santuario. Tus encantos unen de nuevo lo que rigurosamente separó la sociedad, todos los hombres se hermanan allí donde se posa tu suave ala.). Lo mismo ocurre con el Concierto y con la Música de Cámara. Pero además, se abren las puertas a nuevas formas musicales cuyos nombres nos hablan del sentimiento y la emoción: Nocturnos, Fantasías, Improptus, Baladas, Preludios, etc.
A la muerte de Beethoven el Romanticismo ya ha nacido y con Beethoven, la música pasa a ser el centro de la acción y el lugar del drama.
CARL MARIA VON WEBER (1786-1826) Alemán nacido en Entin; hombre de teatro, hijo de un actor; algo más joven que Beethoven; director de orquesta, primero que dirige en 1817 en Dresde, desde un podium y con una batuta. Su obra, resultado de una formación académica poco convencional, se presenta como desligada de escuelas anteriores y poseedora de una originalidad e impetuosidad muy características; junto con las óperas de su director ayudante y compositor Heinrich Marschner (1795-1861), como respuesta al deseo de contar con una ópera de temática y corte alemana que había inquietado a los compositores desde varios años antes. Tendencia que estaba en el ambiente alemán, ante la derrota y expulsión de Napoleón que exigía además, una liberación del italianismo y el francesismo que habían imperado tanto tiempo. Aún cuando muere prematuramente, nos deja una producción musical copiosa, alcanzando gran éxito en la nueva corriente del Singspiel alemán (ópera cómica alemana con extensos pasajes hablados, se puso de moda al mismo tiempo que la Zauberopere u ópera mágica), que había logrado grandes progresos, gracias a los grupos de cómicos ambulantes que consiguen implantarlo. Muy hábil en el uso del Leitmotiv (idée fixe o motivo conductor) lo cual le facilita cautivar los públicos. En tal sentido, son muestras de sus triunfos la intriga cómica Die Macht der Liebe und des Weins (1798) escrita a los doce años; así como también, Das Waldmädchen; Rübezahl; la primera ópera romántica Silvana (1810); la turquería en un acto presentada en Munich, Abu-Hassan (1811); y la pantomima de acción dramática basada en una novela de Cervantes y utilizando temas extraídos de melodías españolas, Preciosa (1820). Lo que no lograron Mozart y Beethoven, lo pudo este hombre, de talento mucho más modesto, director en 1816 de la Ópera de Dresden; obtuvo una vinculación más estrecha entre el pueblo y la música. Su obra, presentada en el Royal Playhouse de Berlín el 18 de junio de 1821, Der Freischütz (El Cazador Furtivo), logró cautivar a los públicos alemanes y representa el triunfo de la ópera romántica alemana sobre la revolucionaria e imperial ópera francesa. En ella, el gran héroe es el bosque alemán, con su melancolía y encanto, su atmósfera local, su folklore, sus espíritus malignos y espectros nocturnos. Esta obra nacional por excelencia, logra reunir todos los matices del arte popular, desde las explosiones de alegría colectiva hasta el sentimentalismo del romanticismo temprano, unidos en una síntesis típica, muy representativa y peculiar del alma alemana. Al año siguiente de su estreno (1822), el editor Hofmeister presentó una trascripción para Banda (flauta, 2 oboes, 2 clarinetes, 2 cornos, 2 fagotes y contrabajo) la cual contenía once de los diecisiete números de la ópera, y en 1823 Friedrich Weller (Edic. Schlesinger), realizó otra para Banda Militar incluyendo doce de ellos; esto contribuyó a su mayor difusión y conocimiento de la obra por parte de muchos públicos populares. El rasgo más importante de la obra de Weber, es la subordinación total de su música a la melodía popular, tanto en los solos como en los coros. Logra así, convertirse en una expresión del alma colectiva de su pueblo. El 12 de abril de 1826, se estrenó su ópera Oberon, la cual fue considerada por el compositor como la mejor obra de su vida.
El tercero y más joven de estos compositores es: FRANZ SCHUBERT (1797-1828) Austriaco, nacido en el barrio vienés de Lichtental; formado en un comienzo por su padre y luego por Salieri y Gluck, su gran especialidad es el desarrollo del Lied o Canción Romántica, género que se había generalizado en Alemania a fines del siglo XVIII. Johann Adam Hiller (1728-1804), había puesto de moda sus famosas canciones sencillas (Singspiel), mientras Haydn y Mozart componían canciones sobre textos de mayor calidad literaria.
En sus novedosos Lieder (contenidos en los ciclos La Bella Molinera, Viaje de Invierno, etc.), con los cuales esta forma alcanza su plenitud, Schubert demuestra un conocimiento natural pero profundo de la voz humana, logrando además, un nuevo estilo narrativo inteligente, basado en la plástica del lenguaje; compuso más de 600 Lieder (o Canciones), verdadero poeta de la música ennobleció la alegría vienesa con una melancolía peculiar; aún en sus Cuartetos, Schubert crea casi constantemente la atmósfera del Lied. Su estilo gana en belleza libre y soberana, especialmente en sus últimas obras (Quinteto con dos Violonchelos en Do Mayor). La naturaleza, el amor y la muerte, parecen ser los temas predilectos del Lied schubertiano. Escribió Schubert, 9 Sinfonías de corte clásico. La N°1 en re mayor, D.82 (1813) escrita a los 16 años; la N°2 en si bemol mayor, D.125 (1814); la 3ª Sinfonía en re mayor, D.200 (1815), escrita en uno de los años de mayor productividad creativa del compositor; la 4ª Sinfonía en do menor, D.417 (1816) conocida como Trágica; la 5ª Sinfonía en si bemol mayor, D.485 (1816) emplea un instrumental reducido pero es una magnífica muestra del talento musical del compositor quien tan sólo contaba 19 años; la 6ª Sinfonía en do mayor, D.589 (1818) conocida como La Pequeña; la 7ª Sinfonía en mi mayor, D.729, (1821), fue terminada por el director y compositor austriaco Felix Weingartner (1863-1942), a partir de anotaciones y esbozos del mismo Schubert; la famosa 8ª Sinfonía en si menor, D.759 Inconclusa, encontrada y estrenada el 17 de diciembre de 1865, treinta y siete años después de la muerte de Schubert; y la 9ª Sinfonía en do mayor, D.944, conocida como La Grande (1928) concluida en el mismo año de su muerte. Schubert escribió además, Sonatas para piano, violín y piano; Impromptus y Momentos Musicales para piano, que lo convierten en un verdadero poeta de la música. Compuso también, música de cámara, música religiosa, siete misas, entre ellas la original Misa Alemana (1826) con texto en alemán, dividida en nueve partes con las características de cánticos y el uso de pocos instrumentos para facilitar su ejecución. También escribió operetas entre ellas: La Casa de las tres Niñas. Schubert, logró penetrar con sus canciones en el alma de los vieneses e hizo que su propio arte se identificara con el espíritu musical de la ciudad. Después de él, lograrán ese afecto del público vienés, Josef Lanner (1801-1843), Johann Strauss (1804-1849) y el gran Johann Strauss Jr. (1825-1899), conocido como el Rey del Vals Vienés. GIACOMO MEYERBEER Cuyo verdadero nombre era: Jacob Liebmann Beer, 1791-1864, nacido en Berlín, muestra precoz talento para la música. Principal rival de Rossini en París, se concreta en la producción de grandes óperas históricas. Escribe cerca de veinte obras pero su éxito lo logra con la llamada GRAND OPERA FRANCESA, de la cual es su máximo representante; género creado y manera de componer con un arte frecuentemente, de efectos fáciles, rudimentarios, algunas veces toscos y de gusto discutible; el drama romántico sustituye a la antigua tragedia, los argumentos se toman de la Edad Media o el Renacimiento, la música se relega a un segundo plano y se busca la espectacularidad y suntuosidad en los montajes escénicos; combina elementos de los estilos italiano y francés mezclados con una minuciosidad alemana; y logra una nueva variante de la ópera seria con una técnica escénica que, en cierta forma, regresa al escenario sobrecargado del barroco y con voces opulentas, grandes efectos en las escenas de masas, estrategia dramática y despliegue técnico en escena. Son obras de este género: Robert le Diable (1831), ópera romántica de terror, y en especial Les Huguenots (1836), basada en los conflictos entre católicos y calvinistas con el trasfondo de la Matanza de San Bartolomé (1572), y Le Prophète (1849), inspirado en el turbulento movimiento reformista anabaptista (herejes alemanes del s. XVI) de la región de Münster. MARÍA LUIGI CHERUBINI (1760-1842), Nacido en Florencia, nacionalizado y muerto en París, en su obra buscó conjugar la perfección técnica con la severidad de su estilo; y el dramatismo heredado de Gluck con la belleza melódica de Mozart. Sus dos mejores óperas son Medée y Les Deux Journées, esta última muy admirada por Beethoven en cuya ópera Fidelio se nota la influencia de Cherubini. Se le puede considerar como un digno representante de la música del período de la Revolución Francesa. Su producción comprende entre otras obras, varias óperas, misas, dos Réquiem, una Sinfonía en Re Mayor, oberturas y música de cámara. GASPARO SPONTINI (1774-1851), Natural de Maiolati; se formó en Italia pero su gran éxito lo logró en París en 1807 con su ópera La Vestale. Fue designado compositor de la emperatriz Josefina y más tarde, en 1810, Director de la ópera italiana en el Théâtre de lÍmpératrice en París. Fue destituido de ese cargo en 1812; un poco más tarde, durante la restauración borbónica volvió a ocupar el cargo pero en 1814, vendió el cargo a la soprano Angélica Catalani. En 1820, se trasladó a Berlín donde se desempeñó como Director de la ópera de la Corte prusiana de Federico Guillermo III. Sus éxitos fueron opacados en 1821 por la ópera Freischütz de C.M. von Weber, debido a que el público dio preferencia a la ópera alemana frente a la ópera extranjera con texto en alemán. Su música, es considerada representativa del período napoleónico, al igual que la del compositor de origen napolitano, NICCOLA PICCINI (1728-1800), Nacido en Bari, Nápoles; fue llamado a París por la reina María Antonieta; los críticos musicales lo presentaron como rival de Gluck con su ópera Iphigénie en Tauride, tratando de continuar la famosa “Querelle des Buffons”. No obstante, él mismo se ocupó de aclarar la situación. Es autor de numerosas óperas y ballet, el oratorio Johathan y otros dos; misas, salmos, etc. Por sus nexos con la corte de María Antonieta y Luis XVI, debió abandonar Francia a raíz de la revolución en 1798. Más tarde, luego de la Revolución Francesa, en 1798, pudo regresar a Francia y representar también, estilo que imperará en ese país durante el período napoleónico. Sufrió un ataque de parálisis y murió en la miseria. Es importante señalar dentro de este período, la figura y la obra del compositor irlandés John Field (1782-1837), nacido en Dublín; alumno de Clementi, se destacó como pianista. Se le conoce como creador de la forma musical llamada Nocturno. Compuso más de veinte de ellos; cuatro sonatas para piano; muchos rondós, fantasías, etc. Tendencias y corrientes del Romanticismo
Es importante tener claro que, la apertura y proliferación de las ideas filosóficas y literarias, así como las complejas y diferentes realidades que enfrentan los países europeos, hacen que el Romanticismo pronto evolucione y adquiera diferentes matices y tendencias. Así, se hablará de Realismo (ca. 1830 y 1879), que buscará aproximarse a la realidad de la vida cotidiana, sin hacer tantas concesiones al sentimentalismo y a la interpretación sujetiva. Más tarde, de Naturalismo (1860-1900), que tenderá hacia la reproducción con cierta objetividad científica, del comportamiento del hombre dentro de su ambiente social. En Italia, esta corriente coincide con el proceso de unidad político-territorial y se denominará Verismo; con marcada influencia del Naturalismo francés y del pensamiento Positivista, esta tendencia propone una rigurosa relación de fidelidad entre el arte y la realidad efectiva (il vero), representada por las situaciones, hechos, personajes, medio ambiente y maneras de expresarse cotidianas. Como reacción frente al imperante Naturalismo, surge entre finales del siglo XIX, es decir 1880 a 1890 para algunos, y para otros, hasta la primera década del siglo XX, la corriente denominada Decadentismo – promovido por la Escuela Parnasiana, escuela literaria que adhiere a la idea de “el arte por al arte”, cuya figura más conocida es Charles-Marie Leconte de Lisle (1818-1894). Según esta tendencia artística apegada al rigor académico literario y encabezada por Theóphile Gautier (1811-1872), se produce una reacción contra los excesos de subjetividad y sentimentalismo de los románticos hacia la década de 1860-, descendiente directa del Romanticismo y con sus antecedentes en las ideas del escritor francés Charles Baudelaire (1821-1867). Dentro de esta última tendencia, surge también otra corriente preconizada por el poeta francés de origen griego Jean Papadiamantópulos Moreas (1826-1898) y seguida por Stephane Mallarmé (1842-1898), con el nombre de Simbolismo (1886), en esta corriente se destacará una cierta tendencia hacia el uso de símbolos o analogías verbales, que representan una suerte de misticismo anti metafísico. Como veremos, cada una de estas tendencias ó corrientes literarias, unas más que otras, dejarán sentir su influencia en los muchos compositores y sus obras. En Italia y más específicamente, en Milán, durante las décadas finales del siglo XIX, cobra importancia también, otra tendencia hacia el realismo extremo, conocido con el nombre de Scapigliatura, el cual representa una reacción principalmente literaria, contra la retórica y la moral vigentes en la época y la religión; es una corriente anticonformista, que trata de evadir o escaparse de las posiciones o enfoques tradicionales, y cuyos principales exponentes son los escritores Giuseppe Rovani (1818-1874), gran defensor de la corriente republicana; Emilio Praga (1839-1875), Ugo Tarchetti (1839-1869), Carlo Dossi (1849-1910) y el conocido escritor y libretista de óperas Arrigo Boito (1842-1918).
El Romanticismo en Francia
En París, hacia 1830 el poeta y escritor Víctor Hugo (1802-1885) proclamaba el Romanticismo literario francés. Comenzaba así, una pronunciada transformación estética que luego, a partir de 1843 tomaría rasgos políticos de ideas cada vez más democráticas (Los Miserables, 1862 y Los Trabajadores del mar, 1868). El Romanticismo musical francés tiene como su figura relevante al compositor y gran conocedor del arte de la orquestación, Louis-Héctor Berlioz (1803-1869), nacido en Côte-Saint-André (Isére), quien llegó a obtener más éxito en Austria, Alemania y Rusia que en su propio país y a quien se considera el Padre de la Música Sinfónica Programática. Su obra musical refleja gran influencia de las ideas literarias de Shakespeare, Goethe y Víctor Hugo. Excelente orquestador, en 1828 gana el Gran Premio de Roma con la Scène Lyrique por soprano et orchestre “Herminie”; son célebres su Sinfonía Fantástica Op.14, llamada por el propio Berlioz “Drama instrumental”; obra de grandes dimensiones en cinco movimientos, estrenada en 1831 y su continuación o complemento, que debe –según el propio Berlioz- escucharse después de la primera parte: Lélio ou Le Retour à la vie Op. 14 bis (1829-30), obras inspiradas por su obsesivo amor a la actriz británica Harriet Smithson, con quien Berlioz se casa en 1833. También mencionamos sus oberturas, entre ellas, Los Jueces francos (1828), El Rey Lear (1831), El Carnaval Romano, que es una segunda obertura para su ópera Cellini; su segunda sinfonía programática: Haroldo en Italia (1834) con solista de viola; su ópera seria Benevenutto Cellini (1838); su Tercera Sinfonía programática y con coros: Roméo et Juliette (1839), en seis partes y con letra de Émile Deschamps. Comentario especial merece su Sinfonía Fúnebre y Triunfal Op.15, para Orquesta de Vientos (Banda) y Coros, con cuerdas opcionales (1840), obra que le fue encargada durante el gobierno de Luis Felipe I (hijo de Felipe Igualdad, sobrino de Luis XVI y rey de 1830 a 1848) por el entonces Ministro de Interior francés M. De Rémusat y por M. De Gasparin, admiradores de su música, y compuesta para conmemorar el traslado de los restos de las víctimas de la Revolución de Julio de 1830 contra Carlos X (rey de 1824 a 1830) al monumento-panteón erigido en su memoria en la Plaza de la Bastilla. Así mismo, recordamos el oratorio La Infancia de Cristo; la ópera cómica Beatrice et Bénédict; su leyenda dramática u ópera de concierto en cuatro partes: La Condenación de Fausto, iniciada en 1828 y finalizada en octubre de 1846; y su poema lírico teatral, Les Troyens (1856-60). Berlioz compuso también un Te Deum para tres coros, orquesta y órgano y una Misa de Requiem, que no tiene carácter litúrgico y con una orquesta efectista llena de dramáticos pasajes de la sección de metales y percusión. El compositor logra mezclar en sus obras, elementos de la ópera con elementos del teatro moderno, lirismo con fantasmagoría, realismo gráfico con efectos mecánicos. Además, de ser un innovador en el Arte de la Orquestación, cuyas dimensiones amplía, es un gran colorista tímbrico y actualiza en cierta forma, y da nueva vigencia al antiguo Ritornello, ahora con jerarquía de símbolo de los personajes, con el nombre de Idée Fixe (luego será el Leitmotiv wagneriano) o tema melódico característico para personificar a los protagonistas; este tema se presenta a través de toda la obra y en ciertos casos, con colores instrumentales definidos y con diversas modificaciones de acuerdo con las situaciones dramáticas (p.e. la viola solista que simboliza a Haroldo en su sinfonía Harold en Italie). Además de su música, son muy importantes sus obras teóricas: Tratado de Orquestación; Arte de la Dirección Orquestal y sus interesantes Mémoires.
Los últimos años de Berlioz se vieron llenos de amarguras. Enviudó dos veces, perdió a su hijo y a los parientes cercanos; se sentía desamparado, abandonado, incomprendido y sin fe en su arte, el cual no fue valorado sino después de su muerte. Su obra puede ser calificada como la más representativa del Romanticismo francés del siglo XIX. Otra figura relevante y representativa del inicial Romanticismo musical francés es: Félicien David (1810-1876), Nacido en Cadenet, Vaucluse. Al contrario de Berlioz e inspirándose solo en lo que veía y sentía, como consecuencia de las vivencias de un viaje a Constantinopla, Izmir (Esmirna, Turquía) y el Alto Egipto, introdujo el Orientalismo en la música de Francia. Su música objetiva y al mismo tiempo, cautivante al oído, es el resultado de un espíritu soñador y poseedor de gran sentido de la poesía y de un manejo hermoso de la armonía, como podemos encontrarlo en sus Mélodies Orientales (1836), Brises d’Orient (1845), La Perle du Brésil (1851), en su oratorio L’Eden (1848) y en su ópera cómica Lalla Roukh (1862). *Denis Huisman, L’esthétique, Presses Universitaires de France, París, 1954. *Julián Marías, Historia de la Filosofía, Edic. Revista de Occidente, S.A. Madrid, España, 1973. *Benedetto Croce, Historia de Europa en el siglo XIX, Ariel Historia, Barcelona, España. *El siglo XIX abre un nuevo panorama al repertorio del Gran Órgano con las modificaciones estructurales que aporta Aristide Cavaillé-Coll (1811-1899), quien logra adaptarlo a las sonoridades de la orquesta romántica. * Cfr. J.I.Pérez Perazzo: Las Bandas, Semblanza de una gran Historia, Caracas 2003.
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