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La Música en Venezuela durante el siglo XVII
La sede de la diócesis venezolana de Coro estuvo itinerante entre dicha ciudad y Caracas hasta el 10 de junio de 1613, cuando el octavo obispo de Venezuela, el franciscano Juan de Bohórquez*, quien había sido designado para tal cargo por el Papa Paulo V (Camillo Borghese) en 1611, ordena que los ocho obreros negros con sus familiares, que trabajaban en la construcción de su Catedral en Coro, sean trasladados a Caracas para iniciar las gestiones necesarias y construcción de las instalaciones de la sede episcopal en la nueva ciudad. De hecho, el Acta del Cabildo Eclesiástico del 24 de enero de 1636, señala la finalización de actividades capitulares en la ciudad de Coro: ...acabanse los Cabildos en la Iglesia de Coro. Inician en la Iglesia Parroquial de Santiago de León de Caracas, cabeza de la gobernación de la Provincia de Venezuela*...
El definitivo asentamiento del episcopado de Venezuela, tuvo lugar en la ciudad de Caracas luego de que, el 20 de junio de 1637, Felipe IV de España (rey de 1621 a 1665) en Real Cédula, mandara a erigir en Caracas la Iglesia Catedral para la diócesis, en vista de las ventajas de orden natural, político y eclesiástico. Ocupaba la sede episcopal Juan López Angurto de la Mata, designado por el Papa Urbano VIII (Maffeo Barberini) como 10° Obispo de Venezuela en sustitución del mínimo de la orden de San Francisco de Paula, don Gonzalo de Angulo. El Obispo Angurto de la Mata pudo inaugurar canónicamente el convento de la Concepción de Caracas y pocos días después falleció, el 24 de diciembre de 1637.
Sin embargo, el 7 de marzo de 1638, se efectúa la consagración de la nueva Iglesia Catedral y el 16 de marzo de 1638, el Cabildo tomaba posesión de la Iglesia Catedral: …vestidos los señores capitulares de capas blancas, el señor deán (Bartolomé Escoto) abrió y cerró el sagrario, y se sentaron en sus sillas de prebendados; de allí pasaron a la sala capitular, y abrieron y cerraron el cajón que encerraba los libros capitulares y, en señal de posesión, arrojaron monedas de plata. El 11 de octubre de 1639, el Papa Urbano VIII designa como nuevo obispo de Venezuela al polémico monje benedictino Mauro de Tovar. El obispo deberá entre otras cosas, enfrentar los estragos sufridos por la catedral luego del terremoto del 11 de junio de 1641. A partir de allí, se menciona a don Juan García Moreno como el organista ratificado de la nueva sede episcopal caraqueña y se le aumenta su pago en 40 pesos. Será sustituido años más tarde por Blas de León Ordóñez, quien ejercerá sus funciones de organista hasta 1658, cuando murió
Las crónicas señalan como sucesor en el cargo, al joven músico Joseph de León, criado y formado por Blas de León*, quien fue designado organista de la Catedral de Caracas durante la gestión episcopal del prelado el franciscano Alonso Briceño, duodécimo obispo de Venezuela; León se desempeñó como organista, desde 1658, a la muerte de Blas de León Ordóñez y recibió una renta de cien pesos, hasta 1669, cuando renunció al cargo y fue sustituido por el sacerdote y músico Joseph Torrico. En ese mismo año de 1669, se reseña la existencia de un Clave Grande en Caracas, este instrumento le es prestado al fraile Felipe Salgado del Convento de San Jacinto.
Pero un hecho especialmente, relevante es la creación en 1671, del cargo de Maestro de Capilla para la Catedral de Caracas, y el nombramiento oficial y acuerdo de su remuneración por parte del Ayuntamiento caraqueño, del Pbro. Gonzalo Cordero (¿1620-1679) para ocupar este cargo, para el cual se le asignan 300 pesos anuales como pago. Este sacerdote y músico, se desempeñará en el cargo durante algunos años del episcopado del ilustre prelado Antonio González de Acuña, decimotercer obispo de Venezuela y quien es el primero en firmarse como obispo de Caracas. Por cierto, su llegada a la ciudad el día 13 de septiembre de 1673, estuvo caracterizada por la solemnidad y elegancia de la ceremonia.* El puesto de organista de la Catedral estuvo a cargo del Padre Torrico hasta 1680, cuando murió y se volvió a designar al ahora también sacerdote, Joseph León ...con la renta anual de 200 pesos...y la obligación de acudir a todo lo cantado que celebrase el Cabildo, de misas, vísperas y salves*...
El obispo Diego de Baños y Sotomayor, 14° obispo de Venezuela designado por el Papa Inocencio XI (Giovanni A. Facchinetti, Papa de 1676-1689), sustituyó a González de Acuña en 1683. Sin dudas, el nuevo obispo ha sido una de las figuras más relevantes que ocupó la silla episcopal en esa época. Diego de Baños y Sotomayor se dedicó con esmero a desarrollar la diócesis y la ciudad. Se encargó de reorganizar el Seminario que funcionaba como universidad para la ciudad. Hizo adquirir un órgano pequeño para prestar servicios para la diócesis; y además, puso especial empeño en darle cabida y estructura a la instrucción musical en la ciudad. Así pues, el 21 de abril de 1687 es nombrado tercer maestro de capilla de dicha Catedral, el Pbro. Don Francisco Pérez Camacho, (1659-1724) músico nacido en El Tocuyo; a él se confiará también en 1689, la enseñanza del Canto Llano y Música figurada en el Colegio Seminario de Santa Rosa …a todos los que deseen aprenderlo, para lo cual se le asigna un sueldo de 200 pesos anuales y 25 adicionales.
También en 1689, El 14° Obispo de Venezuela, Mons. Dr. Diego de Baños y Sotomayor, dicta las Constituciones del Colegio Seminario de Santa Rosa de Caracas; en ellas se señala que: …a las diez de la mañana acudirá el maestro de música a dar lecciones de canto llano a los seminaristas y demás que quisieren… (Ob.cit. Cap.8°).
Los hechos reseñados nos dejan ver con toda claridad, que la organización sistémica de la enseñanza y práctica oficial de la música en la Venezuela del siglo XVII, seguía obedeciendo a los patrones tradicionales vigentes en la península española durante la época. Es decir, la educación musical formal estaba encomendada y giraba en torno a la iglesia católica. Adicionalmente, se encontraba la música militar y ceremonial cuya responsabilidad recaía sobre los encargados de la música en los cuerpos armados o Bandas Militares; estas agrupaciones, además de cumplir con las funciones propias del servicio y ceremonial militar, solían presentarse en las plazas públicas para el esparcimiento y la recreación de la población; a ello, se agregaría la música informal de la calle o popular, practicada por los habitantes de la villa para su diversión y entretenimiento; en la cual se mezclaban melodías, instrumentos y cantos llegados de España con las canciones, tonadas y tradiciones musicales indígenas autóctonas y las traídas por los esclavos negros, desde sus países de procedencia. |