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Indice
La música en la antigua Grecia o el preámbulo de la música occidental La música en Roma: Influencia de los Romanos en el desarrollo de la música occidental Latinoamérica
y su música autóctona El siglo VIII - Pipino"El Breve" y Carlomagno La música en la civilización occidental - La música medieval Del renacimiento al barroco: Nueva visión musical Principales géneros musicales del siglo XIII La música desde el renacimiento hasta el surgimiento de la ópera La Teoría Musical y la Música Instrumental en el siglo XVI La Música en Venezuela durante el siglo XVI El Siglo XVII y el surgimiento de la Opera El Barroco- La Opera Italiana - Revolución Musical del siglo XVII La Música del Barroco al Clasicismo La Música en Venezuela durante el siglo XVII Aparición de la Orquesta - Los Grandes Violines y la Música Instrumental Principales Orquestas Europeas del Siglo XVIII Características estéticas del Barroco Musical La Música en Venezuela durante el siglo XVIII Gluck, La Reforma de la Opera y su importancia Aparición y consolidación de la Sinfonía - La Orquesta Sinfónica Los Primeros Músicos Románticos Venezuela y su música hacia el siglo XIX De Wagner, Brahms, el Renouveau Francés y Verdi, hasta los inicios del siglo XX De Berlioz al Renouveau dramático y sinfónico Francés El Jazz y el Rock - Algunos Hitos de la música en Norteamérica Música y Musicología - Los Elementos de la Música De Musicología - Musicología Histórica - Musicología Sistemática - Musicología Aplicada ------------------------- |
El Nacionalismo en la Música En la convulsionada Europa de mediados del siglo XIX, muchos países luchan para lograr su unidad y dejar de ser una serie de estados independientes. Ello es una de las causas de la aparicición de un nuevo sentido de unidad nacional que lleva a los compositores a buscar inspiración en ideas musicales de su propio país. Aparecen pues, en el siglo XIX las Escuelas Nacionales o Nacionalistas. La asimilación deliberada de elementos considerados representativos de la música de determinado país parece ser uno de los recursos más apetecidos de todas las escuelas nacionales de ese siglo. El nacionalismo en la música fue una de las nuevas vías expresivas que ofreció el Romanticismo; con ella cada pueblo recupera la conciencia de su entidad individual. El nacionalismo romántico se enfrentó a la supremacía de la ópera italiana; son pioneros de esta tendencia los compositores checos Bedrich Smetana (1824-1884), a quien se ha llamado padre de la música checa, por cuanto fue él quien primero bebió en las fuentes del folklore Bohemio. En su ciclo de seis poemas sinfónicos Má Vlast o sea, Mi País, (Vyšehràd, Vltava, Šarka, Z českých luhů a hájů, Tábor, Blaník) compuestos a partir de noviembre de 1874, logra reflejar el espíritu de Bohemia, sus tradiciones e historia en el marco de sus paisajes. Antonin Dvorák (1841-1904) y un poco más tarde, Leos Janácek (1854-1928), incorporaron a los campesinos, sus danzas, canciones y vestidos a la ópera nacional y a su música. En los Países Escandinavos resaltan: en Finlandia, la figura del gran sinfonista, Jean Sibelius (1865-1957), y Fredrik Pacius (1809-1891), autor de la primera ópera en su idioma. El gran creador musical danés Niels W. Gade (1817-1890), los suecos Emil Sjögren (1853-1918) llamado el Schumann del Norte; Wilhelm Stenhemmar (1871-1927) autor de importantes conciertos, Ivar Hallström (1826-1901), Johan Andreas Hallén (1846-1925), Johan August Söderman (1832-1876) y Emil Sjögren (1853-1918). Entre los noruegos, los precursores nacionalistas Valdemar Thrane (1790-1828), Halfdan Kjerulf (1815-1868) y sus seguidores, Johan Svendsen (1840-1911), Johan Halvorsen (1864-1935), autor de importantes obras para violín; y especialmente, el conocido compositor Edvard H. Grieg (1843-1907), autor de una extensa obra que incluye la Suite Orquestal para el drama de Henry Ibsen (1828-1906): Peer Gynt, y el famoso Concierto para piano y orquesta en La menor. Junto a Richard Nordraak (1842-1866), funda una escuela nacional para difundir la música noruega. En Inglaterra, Edward Elgar (1857-1934), con sus Variaciones Enigma; Frederick Delius (1862-1934); Ralph Vaughan-Williams (1872-1958) y más recientemente, Benjamín Britten (1913-1976) reflejarán la identidad musical británica. Hungría, por su parte, ve surgir la obra de Béla Bartók (1881-1945) y Zoltán Kodály (1882-1967), quienes tuvieron un papel primordial en la conformación de una escuela nacional de características propiamente húngaras. Durante el siglo XIX en España también se desarrolla, aún más, el gusto por lo popular y autóctono con el claro nacionalismo de Felipe Pedrell (1841-1922) promotor de esta tendencia, Isaac Albéniz (1860-1909), Enrique Granados (1867-1916) y Manuel De Falla (1876-1946), el cual se prolonga en el siglo XX con el sinfonismo español de Joaquín Turina (1882-1949), Oscar Esplá (1889-1976), Rodolfo Halffter (1899); Ernesto Halffter (1905) y el muy popular y destacado compositor ciego Joaquín Rodrigo Vidre (1901-1999), autor del Concierto de Aranjuez para guitarra y orquesta, así como de Adagio para instrumentos de viento, obra de gran belleza, y muchas otras. En Portugal se destacan en esta tendencia, entre otros, las figuras de los compositores José Viana da Mota (1868-1948), João Guilherme Daddi (1814-1887), Alfredo Keil (1850-1907), Francisco de Freitas Gazul (1842-1925) y especialmente, el sinfonista Luis de Freitas Branco (1890-1955), Augusto Machado (1845-1924), Francisco D´Andrade (1859-1921), João Arroyo (1861-1930) Antonio Fragoso de Lima (1897-1918). Una de las primeras y más relevantes escuelas nacionalistas es la Escuela Rusa. En 1836 se estrena en Rusia la ópera de Mikhaïl Glinka (1804-1857) titulada La Vida del Zar, la cual representa la semilla llena de esencias nacionalistas, temas históricos rusos, leyendas y melodías rusas del grupo de compositores que, reunidos en San Petersburgo, influirán en la conformación del llamado GRUPO DE LOS CINCO o “Pandilla poderosa” integrado por:
Figura también en Rusia, Alexandre Glazounov (1865-1936) quien se mantiene en la línea del Grupo de los Cinco con una obra llena de vigor y majestad plasmada en varios poemas sinfónicos, ocho sinfonías, conciertos, dos sonatas de piano y seis cuartetos de cuerda. Un discípulo de Rimsky-Korsakov es Anatol Liádov (1855-1914), poseedor de una refinada técnica de orquestación. Debemos destacar la extensa y variada obra de Petr Ilitch Tchaïkovski (1840-1893) natural de San Petersburgo y contemporáneo del Grupo de los Cinco, aunque inspirado en la obra de los románticos alemanes, entre ellos Schumann y del elegante estilo francés de Berlioz. Utiliza temas realmente populares rusos, pero los somete a un tratamiento técnico occidental. Escribió diez óperas entre las cuales destacan Eugène Onéguine (1878) y La Dame de Pique (1889). Compuso mucha música de cámara, en especial una hermosa Serenata para Cuerdas; tres conciertos para piano: Op. 23 en si bemol menor, Op. 44 en Sol mayor y Op. 75 en Mi bemol mayor; uno para violín, Op. 35 en Re mayor; varios poemas sinfónicos y varios ballets, escritos con indicaciones muy precisas del maestro francés de danza Petitpas para el gran auge de la Escuela de Ballet Imperial de San Petersburgo; siete Sinfonías, una de ellas Manfred (1885) es una verdadera sinfonía romántica; la séptima, no es más que un arreglo bastante discutible realizado por el músico ruso Anatol Bogatírev. Con respecto a Tchaïkovski, señala Paul H. Láng, …nunca hubo en Rusia otro músico de envergadura tan acabadamente internacional. Anton Arenski (1851-1906), autor de tres óperas y un famoso ballet; hijo espiritual, seguidor de Tchaïkovski y maestro del destacado pianista y compositor Serguéi Rachmaninov (1873-1943), verdadero revolucionario de la literatura pianística y cuyos aportes a la música son no menos trascendentes. Otro alumno de Arenski es Alexandr Scriabin (1872-1915), a quien nos referiremos más adelante. |