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Indice
La música en la antigua Grecia o el preámbulo de la música occidental La música en Roma: Influencia de los Romanos en el desarrollo de la música occidental Latinoamérica
y su música autóctona El siglo VIII - Pipino"El Breve" y Carlomagno La música en la civilización occidental - La música medieval Del renacimiento al barroco: Nueva visión musical Principales géneros musicales del siglo XIII La música desde el renacimiento hasta el surgimiento de la ópera La Teoría Musical y la Música Instrumental en el siglo XVI La Música en Venezuela durante el siglo XVI El Siglo XVII y el surgimiento de la Opera El Barroco- La Opera Italiana - Revolución Musical del siglo XVII La Música del Barroco al Clasicismo La Música en Venezuela durante el siglo XVII Aparición de la Orquesta - Los Grandes Violines y la Música Instrumental Principales Orquestas Europeas del Siglo XVIII Características estéticas del Barroco Musical La Música en Venezuela durante el siglo XVIII Gluck, La Reforma de la Opera y su importancia Aparición y consolidación de la Sinfonía - La Orquesta Sinfónica Los Primeros Músicos Románticos Venezuela y su música hacia el siglo XIX De Wagner, Brahms, el Renouveau Francés y Verdi, hasta los inicios del siglo XX De Berlioz al Renouveau dramático y sinfónico Francés El Jazz y el Rock - Algunos Hitos de la música en Norteamérica Música y Musicología - Los Elementos de la Música De Musicología - Musicología Histórica - Musicología Sistemática - Musicología Aplicada ------------------------- |
Desde Wagner, Verdi y Brahms, hasta los inicios del siglo XX
Después de la Generación de 1810
Richard Wagner, ocupa por derecho propio un sitial preponderante en la historia de la música dramática; con su obra, Alemania logra por una parte, consolidar su gran aspiración, sostenida durante muchos años, de poseer una Ópera Nacional Alemana; y además, hacer una realidad total la corriente del romanticismo musical en su territorio: La Revolución de la Ópera; y en su ópera Parsifal, Waner supera su propio dramatismo musical y llega al simbolismo solemne del drama sacro. Richard Wagner (1813-1883), alemán nacido en Leipzig; transforma la ópera en el Drama Musical compuesto en forma consecuentemente desarrollado; la sucesión de escenas y el texto constituyen el fundamento de una música continua con la Melodía Infinita (Unendliche Melodie), el canto hablado, la técnica del Leitmotiv, una orquesta colorida, gigantesca y una armonía expresiva y altamente romántica. Wagner, desde sus primeras óperas puso música a sus propios textos, en su convicción de que su ópera estaba destinada a transformar el mundo y no sólo a divertirlo. Maneja a la perfección el Leitmotiv (motivo conductor) introducido por sus predecesores Grétry, Weber y Berlioz. Conjuga con perfección la palabra, la música y la acción dramática. Con Wagner, la Ópera alcanza la Obra de Arte Total (Gesamtkunstwerk) a la cual seguirán en el siglo XX, las obras de Alban Berg (1885-1935) e Igor Stravinsky (1882-1971) con sus renovados trabajos con formas antiguas y también, las obras de Bernd Zimmermann (1918-1970) y Mauricio Kagel (1931) con sus búsquedas de nuevas posibilidades del teatro musical. En Wagner se unen el sinfonismo de Beethoven, la expresión teatral y una metafísica irracional de la redención (lecturas de Schopenhauer en 1854) en un Mito del Arte, cuya fuerza se eleva por encima del Drama Musical y se convierte en culto social y político. Wagner ideó la colocación de la orquesta en un foso para hacerla invisible, en su teatro de Bayreuth. Las óperas de Wagner comprenden: Die Feen, Das Liebesverbot (1836), Die Fliegende Holländer (1843), Tannhäuser und der Sängerkieg auf dem Wartburg (1845), Lohengrin (1850), Tristán und Isolde (1865), Die Meistersingers von Nümberg (1868), comedia seria y divertida a la vez; la tetralogía Der Ring des Nibelungen (Das Rheingold; Die Walküre; Siegfried; Götterdämmerung) y la que él mismo consideró la última y más sagrada de sus obras, Parsifal (1882). Wagner resume la riqueza orquestal de timbres y colores de Berlioz y Meyerbeer, el lirismo melódico de Schubert, Mendelssohn y Schumann, la fuerza del estilo operístico italiano de Rossini, Bellini y Donizetti y de la ópera francesa de Bizet y Auber; juntamente con la expresión germana de Weber y Marschner. Como curiosidad vale la pena recordar que durante el reinado de Pedro II El Magnánimo (1831-1889), como parte del resurgimiento musical, el Brasil realiza gestiones en Zurich (1843) para que Richard Wagner se traslade y establezca en ese país, lo cual no se pudo concretar. Verdi, la Opera y la Música Italiana del siglo XIX e inicios del siglo XX La obra de Giuseppe Verdi, resumen de la lírica italiana hasta su momento, es precedida por las composiciones de cuatro grandes músicos líricos de la Escuela Romántica Italiana: Gioacchino Rossini (1792-1868), es a su genio lírico a quien le corresponde triunfar en la Europa de la Restauración, comienzos del siglo XIX, cansada de patrioterismo y violencia política y que si bien debatía incansable en los salones y bibliotecas, buscaba en el teatro la diversión, alegría y placer. Autor de más de cuarenta óperas, desde las cómicas Tancredi (1813), L´Italiana en Algeri (1813), Il turco in Italia (1814), Il Barbiere di Siviglia (1816), hasta sus óperas serias como Otello (1816), Mosè in Egitto (1818) y Guillaume Tell (1829), entre otras. Rossini es un verdadero maestro en el arte de mezclar con gracia las escenas cómicas y patéticas. Saverio Francesco Mercadante (1795-1870), autor de más de cincuenta óperas, entre ellas Violenza e constanza, Elisa e Claudio, La Vestale, Leonora, Virginia; además de veinte misas, salmos, cantatas, piezas líricas, etc. Junto a Giovanni Pacini (1796-1867), aunque su música fue considerada efímera, dieron interesantes aportes a la moderna técnica de la orquestación en sus óperas que fueron muy celebradas. Gaetano Donizetti (1797-1848) autor de Lucia di Lammermoor y Lucrezia Borgia, quien le aporta a la ópera italiana un público nuevo y popular con su estilo melódico lírico, lleno de gracia y con gran energía dramática en sus setenta óperas; y el siciliano: Vincenzo Bellini (1801-1835), compositor de la conmovedora historia de La Sonnambula (1831) y la gran historia trágica de la sacerdotisa Norma (1831); autor que otorga un puesto de privilegio al virtuosismo vocal (Bel Canto) con sus hermosas y sublimes cantinelas frente a una orquesta tratada en un segundo plano. Estos tres últimos compositores habían logrado conciliar su italianismo con la Grand Opéra francesa, sin abandonar sus tradiciones nacionales. Giuseppe Verdi. Nacido el 10 de octubre en Roncole, cerca de Busseto (Parma), el mismo año 1813 y muerto en Milán el año 1901; es único tanto en lo que respecta a la evolución musical y dramática de la ópera del siglo XIX, como por el significado de su obra en el campo de la lucha por la unidad italiana, planteada en su Nabucco (1842). Italia estaba en plena fermentación política, cada provincia quería quitarse el yugo de la dominación extranjera y unirse, el nombre de Verdi sirvió para ello. El genio de Verdi adquiere proporciones especiales, sobre todo en lo referente al Dramatismo de su música, expresado en sus veintiséis (26) óperas, entre ellas: Macbeth, Simón Boccanegra, I Vespri Siciliani (1855), La Forza del Destino, Don Carlos, Aida (1871), I Masnadieri, Luisa Miller, Giovanna d´Arco, Ernani, Rigoletto (1851), Un Ballo in Maschera (1859), La Traviata (1853), Otello (1887), Falstaff (1893); su Cuarteto en mi menor (1873), el famoso Réquiem para Alessandro Manzoni y su Stabat Mater. Sin dudas, fue el más importante de los compositores italianos de ópera. Su estilo ejerció mucha influencia en numerosos compositores líricos, incluidos los representantes del Verismo Italiano (de fines de siglo XIX y comienzos del siglo XX), corriente artística y cultural, versión del Naturalismo francés, que buscaba, aferrarse a un supuesto orden realista en la ópera pero principalmente, una más amplia gama expresiva de emociones, a través de la comunicación vocal muy notable en las primeras óperas de Giacomo Puccini y en las óperas veristas de: Ruggero Leoncavallo (1858-1919), I Pagliacci (1892).
Pietro Mascagni (1863-1945), Cavalleria Rusticana (1890).
Francesco Cilea (1866-1950), L’ arlesiana. Umberto Giordano (1867-1948), Andrea Chénier.
Franco Alfano (1876-1954), Resurrección. Ricardo Zandonai (1883-1944), Il Grillo sul focolare. Giacomo Puccini (1858-1924), siguió la tradición de Verdi y después de la muerte de éste, comienza su obra lírico musical militando cerca del Verismo Italiano para luego, en nuestra opinión y a pesar de algunos criterios distintos, alejarse de tal tendencia y buscar un Equilibrio Innovador entre el canto y la gran orquesta, lo cual vendrá a constituir el verdadero aporte de Puccini al desarrollo de la ópera. Destacan sus obras: La Bohème (1896), Tosca (1900), Madame Butterfly y Turandot (1926). Otros cambios y nuevos caminos Italia encontrará una reacción contra el Verismo y una Renovación de la música instrumental en la obra de los compositores: Ottorino Respighi (1879-1936) autor de varias óperas, varios ballets, obras para piano y orquesta, un Concerto en Estilo antiguo y un Concerto Gregoriano para violín y orquesta, obras para violín, música de cámara y varias Suites Orquestales: Fontane di Roma, Pini di Roma, Vetrate di Chiesa, Trittico Botticelliano, Gli uccelli, Feste Romane, Sinfonía Dramática, etc. Ildebrando Pizzetti (1848-1908) compositor de óperas y obras de cámara y obras orquestales, corales, etc; incluyendo un Concerto para violonchelo y orquesta, tríos y sonatas para violín y piano, cuartetos de cuerda y otras obras. Gian Francesco Malipiero (1882-1973), compositor de genio violento, agresivo y atormentado; también creador de varias óperas, oratorios, siete sinfonías y de una extensa lista de obras entre las cuales destacan: Sinfonía del Mare, Sinfonía del Silenzo e della Morte, Ditirambo Trágico y las tres series de obras llamadas Impresiones dal Vero. Y el precursor del dodecafonismo italiano Alfredo Casella (1883-1947) nacido en Turín, formado en el Conservatorio de París y quien en 1924 junto con Malipiero, fundó una asociación para fomentar la creación musical moderna en Italia. Es autor de dos óperas, dos sinfonías, conciertos y música orquestal y de cámara; además de importantes obras teóricas y de referencia. Estos renovadores han tenido entre sus sucesores a compositores como: el florentino Mario Castelnuovo-Tedesco (1895-1968), Vittorio Rieti (1898-1994), Goffredo Petrassi (1904-2003) y Luigi Dallapiccola (1904-1975); estos dos últimos son los iniciadores de la vanguardia musical italiana contemporánea, entre cuyos seguidores se encuentran: el veneciano Bruno Maderna (1920-1973), Luciano Berio (1925-2003) y Luigi Nono (1924-1990), entre muchos otros. Brahms, el Regreso al Sinfonismo y a la Música de Cámara Junto a la revolución de Wagner, los países germánicos conocen, fuera del campo de la ópera, la actitud más reservada y más clásica de Johannes Brahms (1833-1897), nacido en Hamburgo; quien permanece fiel a los procedimientos de los primeros románticos de la escuela vienesa pero logra un punto de equilibrio entre las fuentes más puras del clasicismo y del romanticismo. Sin embargo, ello no le impide innovar, sobre todo en el aspecto de su lenguaje, que será de mayores alcances, complejidades y dimensiones. Como bien señala Rafael Zayas: “El papel que jugó Brahms en su época fue de suma importancia pues mantuvo la tradición de la música de cámara en momentos donde la atención estaba orientada hacia el drama musical y los poemas sinfónicos”… Aún así, Brahms no estuvo solo en esta tarea pues muchos de sus amigos -pertenecientes a su circulo profesional- como los directores y compositores Carl Reinecke (1824-1910), Bernhard Scholz (1835-1916), Otto Dessof (1835-1892), Robert Fuchs (1847-1927) y Heinrich von Horzogenberg, contribuyeron al ambiente musical con obras de cámara, las cuales eran ejecutadas en distintos conciertos privados y públicos, en ciudades donde la influencia política estaba del lado de estos conservadores. En el caso de estos, al comenzar el siglo XX sus obras quedaron casi olvidadas. Con Brahms fue diferente. Quizás fue el aspecto serio y disciplinado con que el compositor hamburgués utilizo el lenguaje tradicional y la calidad e innovación con la que lo introdujo, hizo que mas tarde, compositores como Schönberg lo considerasen un progresista. De hecho, la cualidad de Brahms para construir temas basándose en el principio de la developing variation, inmerso en la densidad temática unificadora y en su complejo esquema temático, representa probablemente el estado evolutivo entre la balanceada forma arquitectónica de finales del siglo XVIII y la estricta forma lógica de la teoría dodecafónica de Schönberg. Especialmente será la música de cámara la que se nutrirá de ese argumento. Con justicia se suele reconocer a Brahms como el sinfonista más grande desde Beethoven. Con sus cuatro Sinfonías, esta forma musical recobra una gran vitalidad y fuerza. La grandeza del desarrollo de sus ideas ha hecho de estas Sinfonías verdaderos monumentos. También, sus Conciertos y su larga producción de música vocal y de cámara poseen una gran importancia y constituyen un invalorable legado musical que además, influyó en la obra de grandes maestros como Bruckner, Mahler y Reger. |